procaz

(redireccionado de procaces)
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procaz

(Del lat. procax, -acis, imprudente.)
adj. Que falta al respeto por su atrevimiento es muy procaz en sus comentarios. desvergonzado
NOTA: En plural: procaces

procaz

 
adj. Desvergonzado, atrevido.
Traducciones

procaz

ADJ
1. [persona] (= atrevido) → insolent, impudent; (= descarado) → brazen
2. [comentario, chiste] → indecent, obscene
Ejemplos ?
A veces le gustaba divertirse a costa de sus visires azuzando a unos contra otros, rematando entre risas los versos procaces con que un visir que satirizaba a otro con unas voces romances malsonantes sin apartarse del metro ni de la rima del verso clásico árabe.
El público era abigarrado y heterogéneo, y en consecuencia se mezclaban desde las alusiones groseras y los chistes procaces y chocarreros a la más culta y refinada galantería amorosa y la más retorcida pedantería eufuista.
Lo mismo puede decirse de los otros miembros de la familia (especialmente de su madre y de su hermano Enrique), pues los cotilleos procaces sobre todos ellos fueron constantes.
Richard Cheese and Lounge Against The Machine (un juego de palabras con Rage Against the Machine) están especializados en interpretar canciones actuales de rock, metal, rap y hip hop y versionarlas al estilo lounge, cantadas con un tipo de fraseo swing tradicional, contrastando el elegante arreglo de la música jazz con unas letras irreverentes y procaces para crear una disonancia humorística.
14) se produce un gracioso diálogo entre don Quijote y Sancho, en el cual éste hace observaciones procaces acerca del amor platónico de su amo, incitándolo a romper su castidad, observaciones que don Quijote rechaza indignado.
En éste, el procedimiento que destaca es el empleo del personaje de Sileno y del coro de sátiros abundando en ideas y frases procaces.
Agustín envuelto en sus aromas de odres con su sutileza desglosaba léxicos; perdidos Mateos que eclipsó la marcha en carabelas de letras fantasmas. Ellos callaron y ya no vieron el acabose de las barcarolas, donde hienas procaces de mentiras traicionaron el olor a rosas.
En cuanto á los honores concedidos por el Congreso á San Martín, dice: «que estos fueron obra del miedo, y no de »la gratitud nacional»— y, en un párrafo que bautiza con el epígrafe Servilismo y adulación lanza al clero peruano este en- venenado dardo:— «El clero oía con gusto un himno dedicado »á Bolívar, que se cantaba entre la epístola y el evangelio, »conslándole que Bolívar era el hombre más cinicamente obsceno Tdel mundo al lado del cual, añadimos nosotros, Pirrón, con su oda á Priapo, sería probablemente para los ignacianos un mo- naguillo de la Cartuja, ó una pudorosa monja visitandina. ¿Quiere el lector respirar el aroma de un ramillete de in- sultos procaces contra nuestros hombres más eminentes?
y repollos... Y de por qué hierve el mar tan caliente Y de si vuelan procaces los cerdos. --Pero ¡esperad un poco!-- gritaron las ostras Y antes de charla tan sabrosa Dejadnos recobrar un poco el aliento ¡Que estamos todas muy gorditas!
Jamás se vio legión que más asombre, de aspecto más horrible y más funesto: unos siendo del cuello abajo hombre muestran de simio o bien de gato el gesto; de otros según el pie fauno es el nombre, otros centauro son ágil y presto; mozos procaces son, torpes abuelos, desnudos unos y otros todo pelos.
Confirman su falsa opinión con disimular que lo que ignoran, no obstante que saben que es falso, para que de este modo se pueden persuadir los entendimientos humanos ser justa la queja que manifiestan tener contra nosotros, porque lo que fue necesario demostrar por los mismos libros que escribieron sus historiadores dándonos una noticia extensa y circunstanciada de la historia y sucesos ocurridos en los tiempos pasados, que es muy al contrario de lo que opinan; y asimismo enseñar que los dioses falsos que entonces adoraban públicamente y ahora todavía adoran en secreto, son unos espíritus inmundos, perversos y engañosos demonios, tan procaces...
También había allí un par de lavanderas, que se lo pasaban todo el día canta y canta, lava y lava, restriega y restriega. Procaces como pocas, ponían al señor Vildeter de oro y azul cada vez que un poco más bebido que de ordinario, se aventuraba éste a ir a darles un pellizco en los brazos desnudos llenos de lavaza y de agua.