proa

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proa

(Del lat. prora < gr. prora .)
1. s. f. NÁUTICA Parte delantera de una embarcación con la que se corta el agua ya se divisa la proa de la nave.
2. Parte delantera de ciertos vehículos la cabina está en la proa del avión.
3. poner la proa a alguien coloquial Ponerse en contra de él.
4. poner la proa a una cosa coloquial Proponérselo como objetivo.
5. poner proa a un sitio coloquial Dirigirse a él.

proa

 
f. mar. Parte delantera de la nave, con la cual corta las aguas.

proa

('pɾoa)
sustantivo femenino
parte delantera de una embarcación o una aeronave El barco tiene dañada la proa.
Sinónimos

proa

sustantivo femenino
prora.
Prora es forma poética.
Traducciones

proa

bow, top, prow

proa

proue

proa

Bug

proa

proa

proa

prua

proa

лук

proa

القوس

proa

лък

proa

proa

proa

קשת

proa

proa

Bow

proa

SF (Náut) → bow, prow (Aer) → nose
de proabow antes de s, fore
de proa a popafrom stem to stern
en la proain the bows
poner la proa a (Náut) → to head for, set a course for
poner la proa a algnto take a stand against sb, set o.s. against sb
Ejemplos ?
La Campana de la Libertad se cae y se parte en dos. El Teatro de la ópera de Sydney acaba derrumbándose cuando el aire carcome sus proas.
La bandera es descrita en el arte nórdico de forma aproximadamente triangular, con el borde externo redondeado, de donde cuelgan una serie de lengüetas o borlas. Posee cierta semejanza con las veletas finamente talladas utilizadas en las proas de los drakkar.
Unos cuantos golpes de remo, musculosos; dos o tres olas que se quebraron en las proas y los tripulantes empezaron a armar las velas que se henchían bajo el oro del sol, como alas de esperanza o pañuelos de despedida.
Entonces mi padre Anquises enguirnalda una gran copa, la llena de vino, y puesto de pie en la más alta popa, invoca a los dioses en estos términos: "Dioses del mar y de la tierra, árbitros de las altas tempestades, otorgadnos una fácil travesía y prósperos vientos." Arrecian en esto las deseadas auras, descúbrese el puerto ya más cercano, y aparece en una altura un templo de Minerva; recogen mis compañeros las velas y enderezan las proas hacia la costa.
En pos de estos, y a igual distancia, la Priste y el Centauro pugnan por cogerse la delantera, y otra se adelanta la Priste, ora la vence el gran Centauro, y ora avanzan las dos, juntas las proas, y con sus largas quillas surcan las salobres olas.
Tarcón registra la playa, y habiendo hallado en ella un sitio donde ni hay señal de bajíos ni murmuran quebrantadas las olas, antes bien se desliza apacible la mar en mansa creciente, endereza de pronto el rumbo hacia él y anima y exhorta así a sus compañeros: "Ahora, gente escogida, batid el remo con todo empuje, impeled, lanzad vuestras naos, hendid con las proas esa tierra enemiga, y que cada quilla se abra en ella un surco.
No me arredra estrellar mi bajel en esta costa, si con esto me apodero de ella." Apenas habló Tarcón, échanse todos sobre los remos y lanzan sus espumantes naves en los campamentos latinos hasta tocar con las proas en seco, e ilesas las quillas se clavan en la arena; mas no así tu nave ¡Oh Tarcón!
Tuerce, pues, el derrotero; ¿puede haber tierra más grata para mí, ni en que más desee guarecer mis fatigadas naves, que la que me conserve el troyano Acestes y cubre los huesos de mi padre Anquises?" Dicho esto, enderezan las proas a los puertos, impelidas las velas por los bonancibles céfiros; deslízase la armada rápidamente por el mar y arriban alegres en fin a las conocidas playas.
Y al mar se echó; y bogando, bogando día y noche y una semana y otra, y cuatro y todo un mes, y dos… y más, sufriendo ya de su gente, (falta de su tenaz constancia e incontrastable fe), murmuraciones, quejas, audacias, rebeldías, y aun luchas a que había la fuerza que oponer, tras de razones, ruegos, promesas y castigos, y de una congojosa navegación después, y haber comido en ella su pan con hez de acíbar y haberle remojado con lágrimas y hiel, de haber ya vacilado en si volver las proas...
Bajó corriendo a dar la nueva, y en un pensamiento se embarcaron los turcos, que estaban en tierra, cuál guisando de comer, cuál lavando su ropa; y, zarpando con no vista presteza, dieron al agua los remos y al viento las velas, y, puestas las proas en Berbería, en menos de dos horas perdieron de vista las galeras; y así, cubiertos con la isla y con la noche, que venía cerca, se aseguraron del miedo que habían cobrado.
Los de Itaca y su frondoso Nérito; los que cultivaban los campos de Crocilea y de la escarpada Egílipe; los que habitaban en Zacinto; los que vivían en Samos y sus alrededores, los que estaban en el continente y los que ocupaban la orilla opuesta: todos ellos obedecían a Odiseo, igual a Zeus en prudencia. Doce naves de rojas proas le seguían.
En las pinturas de los muros está el cuento famoso de la guerra de los dos hermanos locos, que se pelearon por ver quién se quedaba, con la princesa Ara: hay procesiones de sacerdotes, de guerreros, de animales que parece que miran y conocen, de barcos con dos proas, de hombres de barba negra, de negros de pelo rizado; y todo con el perfil firme, y el color tan fresco y brillante como si aún corriera sangre por las venas de los artistas que dejaron escritas en jeroglíficos y en pinturas la historia del pueblo que echó sus barcos por las costas y ríos de todo Centroaméríca, y supo de Asia por el Pacífico y de África por el Atlántico.