Ejemplos ?
Cada figura es prisionera de una intención dinámica; el cuerpo se retuerce, ondea y vibra de la manera que un junco acometido del vendaval.
Viajo tambien entre 1894 y 1899 a BuenosAires y se establecio en un campamento indigena de gente prisionera por Roca y algunos que volvfan de Martin Garcia.
Corriendo entre tus aceras angostas, sintiendo la juventud del alma; que no se ha envejecido con la brisa, ni el entorno que desgasta. Inocencia blanca oculta, testaruda en remembranza; prisionera en aquel ayer, que se libera en este mañana.
pues si la reina le pregunta, qué es lo que ha aprendido en ocho años que hace que es prisionera, ¿qué ha de responder la cuitada que no nos condene, por más discreción que tenga?
Con esto, se consolaron, y acordaron que Isabela no fuese vestida humildemente como prisionera, sino como esposa, pues ya lo era de tan principal esposo como su hijo.
Quise primero que la Niña Chole se destrenzase el cabello, y vestido el blanco hipil me hablase en su vieja lengua, como una princesa prisionera a un capitán conquistador.
 My Doliente ensoñación la altanería se bifurca en el miedo que la aterra y el odio procaz que se le aferra a un tenaz simulacro de osadía. Prisionera de absurda poesía entre su jaula de altivez se encierra y disfruta las artes de su guerra para darse a sí misma pleitesía.
Si se os acuerda lo que habéis oído, la vieja huida de la cueva era, donde Isabel, la que a Zerbín herido había de amor, se hallaba prisionera.
Creyendo Goyeneche aniquilado para siempre en los cocha- bambinos el espíritu de rebelión, se encaminó con su ejército á Chuquisaca y Potosí, para batir á los guerrilleros argenti- nos; pero Cochabamba se insurreccionó nuevamente, y después de prisionera y desarmada la guarnición realista, fué aclamado y reconocido en el carácter de gobernador don Mariano An- tesana, criollo acaudalado y de gran prestigio en el pueblo por su ilustración y por lo enérgico de su carácter.
Pues este cuerpo es un peso y una pena del alma; bajo su peso, el alma se oprime y queda prisionera, si ya entonces no ve en su ayuda la filosofía a hacerla respirar en el espectáculo de la naturaleza, y a levantarla de las cosas terrenas a las divinas.
y sigue en la penumbra a despecho del luciente día, prisionera de la noche amasia, descubriendo los engaños que encerraban las promesas de un regazo vuelto cárcel, prisión de los sentidos, esclava.
Y menos lo sospechaba la prisionera, pues las realidades de la vida, y, sobre todo, los conflictos y miserias del perro proletario, éranle completamente desconocidos, no habiendo encontrado a su paso sino caricias y esmerada atención a sus mínimas necesidades y deseos.