primaveral

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primaveral

adj. METEOROLOGÍA De la primavera con el tiempo primaveral apetece salir a pasear.

primaveral

 
adj. Relativo a la primavera.

primaveral

(pɾimaβe'ɾal)
abreviación
que tiene relación con la estación de la primavera un clima primaveral
Sinónimos

primaveral

adjetivo
vernal.
Es forma empleada en la lengua literaria o poética: equinoccio vernal.
Traducciones

primaveral

primaverile

primaveral

printemps

primaveral

الربيع

primaveral

wiosna

primaveral

άνοιξη

primaveral

Пролет

primaveral

Jaro

primaveral

primaveral

primaveral

ADJspring antes de s, springlike
Ejemplos ?
A buen seguro que en caso de obediencia, la pulmonía habría dado bien pronto cuenta de nosotros. Pero aquí quiero hacer una declaración sincera que pinta bien esos escepticismos primaverales.
Como de la hendedura de un peñasco salen sin cesar enjambres de abejas, que vuelan arracimadas sobre las flores primaverales y unas revolotean a este lado y a otras a aquél, así las numerosas familias de guerreros marchaban en grupos, por la baja ribera, desde las naves y tiendas a la junta.
Apenas lo hubo hecho, sintió gran alegría: suelto, seguro, libre, se mezcló más de cerca a la humildad, sintió mejor sus necesidades y sus dolores; recogió abundante cosecha de almas; hizo florecer compactamente bondad y fe, y a su alrededor la hermosura de los arrepentimientos brotaba y cundía, al modo de los ramajes y las frescas plantas silvestres después de las lluvias primaverales...
Era una bonita, clara mañana de enero, con la tierra húmeda por la escarcha deshecha, pero ni una nube en el cielo; Regent's Park estaba lleno de invernales piares y olores casi primaverales.
Al punto, el ilustre Cojo de ambos pies, por orden de Zeus, modeló con tierra una imagen semejante a una virgen venerable; la Diosa Atenea la de los ojos claros la vistió y la adornó; las Diosas Cárites y la venerable Pito colgaron a su cuello collares de oro; las Horas de hermosos cabellos la coronaron de flores primaverales; Palas Atenea le adornó todo el cuerpo; y el Mensajero matador de Argos, por orden de Zeus retumbante, le inspiró las mentiras, los halagos y las perfidias; y finalmente el Mensajero de los Dioses puso en ella la voz.
También a Penfredo de bello peplo, a Enío de peplo azafranado y a las Gorgonas que viven al otro lado del ilustre Océano, en el confín del mundo hacia la noche, donde las Hespérides de aguda voz: Esteno, Euríale y la Medusa desventurada; ésta era mortal y las otras inmortales y exentas de vejez las dos. Con ella sola se acostó el de Azulada Cabellera en un suave prado, entre primaverales flores.
Sentado sobre un tronco de jacarandá, uno de los más hermosos árboles de la Argentina, que se había caído de viejo o por la herida del rayo en las terribles tormentas primaverales de aquella zona argentina, puso sobre sus rodillas el rifle, lleno de cartuchos.
El ambiente, en fin, estaba impregnado de amor y vida, y en sus tibias ráfagas percibíase el fragante aliento de la primavera, enamorada ya del estío... Pero no eran sólo de esta índole los encantos primaverales de aquel inolvidable día.
Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora, así los manes heroicos de los primitivos abuelos, de los egregios padres que abrieron el surco pristino, sientan los soplos agrarios de primaverales retornos y el amor de espigas que inició la labor triptolémica.
Cuando tus manos van a tus bolsillos Temblor las mueve, que tu raza toda Pesa en los dedos con que, apenas, tiendes Su vil moneda. Oh las mujeres que a tu lado pasan Sienten el hielo de tus ojos y huyen En sueños dulces a lejanos bosques Primaverales.
Puntea, centrando aquel tornear de miles de alas, un rutero, más negro en la soledad azul de la amanecida. Son los maragullones que inician el regreso de sus viajes lejanos, llamados por los primeros vientos primaverales.
iete leguas para ir: un paseo de tres horas, por la mañana, pisando pasto verde y florido, bebiendo la brisa vivificante de la madrugada; otro igual, a la tarde, siete leguas para volver, bañándose los pulmones con el soplo perfumado del céfiro crepuscular, suavemente hamacado por el galope igual y parejo del mancarrón guapo, la cabeza llena de sueños primaverales, los ojos de luz, el corazón de alegría, era un gusto sin par, tener que ir de la estancia al pueblito, a hacer alguna diligencia.