prestancia


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prestancia

1. s. f. Distinción y elegancia con que se presenta una persona un señor con mucha prestancia y muy educado. apostura
2. Excelencia o superioridad en una persona o cosa. eminencia

prestancia

 
f. Excelencia (superior).
Gallardía en los movimientos; despejo en los modales.

prestancia

(pɾes'tanθja)
sustantivo femenino
1. aspecto distinguido y elegante de ciertas personas un galán con prestancia
2. superioridad de una persona o cosa entre otras la prestancia de nuestros productos
Sinónimos

prestancia

Traducciones

prestancia

prestanza

prestancia

SF (= elegancia) → elegance, poise; (= excelencia) → excellence, distinction
Ejemplos ?
Y llegó aquí, a Angostura, en una playa primitiva atracó la canoa; vedle hundir en el suelo el tacón fino, con el pinchazo de la avispa que quiere conocer su avispero; seguidle, subiendo la cuesta hacia la ciudad; un revuelo de campanas anuncia su llegada, las casas se endomingaban de banderas y de letreros, de Soledad arriban canoas con mujeres como cestas con mangos y mereyes del tiempo. Angostura gallea su jarifa prestancia para gustarle al Héroe guapo que tenía los ojos negros.
CARGOS Y DIGNIDADES.- Ha venido ocupando, a más de sus cargos educacionales, dignidades de prestancia, y a través de ellas ha preconizado los postulados de progreso institucional, cubriendo con el escudo de sus funciones honestas la pureza de una vida entera.
Mi Abuela refunfuñaba, pero también sonreía; con las travesuras de este niño, que no maduró en su vida. Parece que estoy viendo, aquellas latas altivas, que sin perder su prestancia, yacían allí vacías.
100.–Las carreras de profesor e investigador universitarios se regirán, además por el Reglamento de Escalafón u otros de carácter especial que desarrollarán las normas de ingreso, permanencia o estabilidad, clases y categorías, ascensos, sueldos, premios, jubilación, sanción y demás requisitos que propendan a darle prestancia seguridad y eficiencia.
Dejamos esbozada ligeramente la figura ponderada He un verdadero valor profesional, que honra a nuestra Provincia de El Oro, por su prestancia y labor exitosa en los campos educacionales, sociales, administrativos, judiciales y en los caminos complejos de la Jurisprudencia Nacional.
Pero la incorporación al profesionalismo académico con su flamante título, no significó el punto final en su camino de estudio y ascensión al éxito, porque la ruta de su vida de servicios a la Patria estaba ya trazada en bosquejo. La imagen de su prestancia personal se proyectaba más allá de su ingeniería.
Castro Benítes egresó de la Universidad, coronando brillantemente sus estudios al recibir el Premio CONTENTA, al que se hizo acreedor por su destacada labor de carácter intelectual y científica, comenzó a desarrollar su carrera profesional como un Abogado de prestancia y honor para el Foro Ecuatoriano; incursionando los campos de la Jurisprudencia con habilidad de artista, porque en cada une de sus obras, ha quedado prendida su alma arrebatada por los Códigos.
Sólo hacía dos años que ostentaba el título, hecho que no se permitía olvidar ni por un instante. De manera que, para darse más prestancia y fuste, nunca se presentaba como asesor colegiado sino como mayor.
Entró un guardia de buena prestancia, con patillas no muy claras ni tampoco oscuras y mejillas bastante llenas: el mismo que al comienzo de nuestro relato vimos en un extremo del puente Isákievski.
Procurad con vuestra autoridad y vuestras exhortaciones que en los seminarios y centros de estudio sometidos a vuestra jurisdicción se dé a estos estudios el vigor y la prestancia que les corresponden.
Aquel médico era hombre de gran prestancia, que poseía unas magníficas patillas negras, y una esposa lozana, rebosante de salud, se desayunaba con manzanas y cuidaba esmeradamente el aseo de su boca, enjuagándose cada mañana durante casi tres cuartos de hora y puliéndose los dientes con cinco cepillos distintos.
Y el rostro romboidal del Astrólogo, con las guías de los bigotes caídas a lo largo de las comisuras de los labios, y su chistera de cochero de punto, lo entusiasmó; luego pensó que unido a la sociedad podría continuar sus ensayas de electrotécnica, y ahora cruzaba las calles semejante a un emperador venido a menos, sin reparar que su prestancia seducía a las planchadoras que pasaban con la cesta bajo el brazo, y emocionaba a las pantaloneras que regresaban de las tiendas con pesados bultos.