presciencia


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presciencia

s. f. TEOLOGÍA Conocimiento que tiene la divinidad sobre todo lo que ha sucedido.

presciencia

 
f. Conocimiento de las cosas futuras.
Traducciones

presciencia

SFprescience, foreknowledge
Ejemplos ?
Si de tal manera crió Diós a todos los ángeles con la misma felicidad, que ni los que cayeron pudieron saber que habían de caer, ni los que no cayeron, después de la ruina de los caídos, recibieron la presciencia de su perseverancia CAPITULO XIV.
Pero si admitimos, dicen, aquellos circuitos y rodeos con que (o permaneciendo el mundo o mezclando con los propios circuitos sus volubles nacimientos y ocasos) se vuelven a hacer las mismas cosas temporales, ni atribuiremos a Dios el ocio vergonzoso de una tan larga duración sin principio, ni la impróvida temeridad de sus obras; porque si no se repiten y vuelve a hacer las mismas, no puede ninguna ciencia o presciencia suya comprender la infinidad de ellas variadas con tanta diversidad.
CAPITULO IX De la presciencia de Dios y de la libre voluntad del hombre contra la definición de Cicerón A estos filósofos de tal modo procura refutar Cicerón...
Si de tal manera crió Diós a todos los ángeles con la misma felicidad, que ni los que cayeron pudieron saber que habían de caer, ni los que no cayeron, después de la ruina de los caídos, recibieron la presciencia de su perseverancia Por lo cual, podrá cualquiera fácilmente echar de ver que de lo uno y de lo otro resulta juntamente la bienaventuranza que con recto propósito desea la naturaleza intelectual, esto es, de gozar del bien inmutáble y eterno que es Dios, sin ninguna molestia, y de saber que ha de perseverar en él para siempre, sin que duda alguna le tenga suspenso, ni error alguno le engañe.
Con todo eso, son mucho más tolerables aún los que opinan ser infalibles los hados de las estrellas que Cicerón, que quita la presciencia de las cosas futuras; porque confesar que hay Dios y negar que sepa lo venidero es caer en un claro desvarío, lo cual, advertido por este elocuente orador, procuró asimismo establecer como inconcuso aquel verdadero axioma que se halla en la Escritura: «Dijo el necio en su corazón: no hay Dios»; aunque no en su nombre.
De ésta piadosamente creemos que gozan los ángeles de la luz, y que no la tuvieron antes que cayesen los ángeles pecadores que por su malicia fueron privados de aquella luz, lo colegimos por consecuencia; con todo, se debe creer o ciertamente que si vivieron antes del pecado, tuvieron alguna bienaventuranza, aunque no la presciencia de si habían de perseverar.
Porque de ningún modo pudo el hombre con su pecado perturbar el divino consejo, como obligando a Dios a mudar lo que había determinado, habiendo previsto Dios, con su presciencia lo uno y lo otro, esto es, cuán malo, había de ser el hombre a quien crió bueno, y lo bueno que aún así había de hacer de él.
Por lo cual, quedando ya excluidas aquellas revoluciones y círculos con que se suponía que el alma necesariamente había de volver a unas mismas miserias, ¿qué otra cosa nos resta que más convenga a la piedad y religión católica, sino creer que no es imposible a Dios criar cosas nuevas que jamás hava hecho, y con su inefable presciencia no tenga voluntad mutable?
¿Y quién podrá saber si Dios previó esto con su divina presciencia, contra las herejías que habían de suscitarse respecto de las segundas nupcias, para que en el padre y cabeza de muchas naciones, casándose segunda vez después de la muerte de su mujer, se nos manifestase con toda evidencia que no era pecado?
Y aunque en ningún modo estaba incierto de si había de ser vencido, con todo, preveía ya entonces que este mismo demonio seria vencido por la descendencia del hombre, ayudada de su gracia con mayor gloria de los santos; y así fue que ni a Dios se le escondió cosa alguna futura, ni por su presciencia compelió a pecar a nadie; y maniféstó con la experiencia a la criatura racional, angélica y humana, la diferencia que hay entre la propia presunción de cada uno y entre su defensa y amparo; porque ¿quién se atreverá a creer o decir que no estuvo en la potestad de Dios el que no cayese ni el ángel ni el hombre?
Que la ira y enojo de Dios no perturba su inmutable tranquilidad La ira y enojo de Dios no es cierta perturbación de su ánimo, sino un juicio y sentencia con que da su respectiva pena y castigo al pecado; y su pensamiento y meditación es la razón inmutable de las cosas que han de mudarse Porque no es Dios como el hombre, que le pesa de alguna acción que haya ejecutado, sino que tiene sobre todas las cosas su dictamen y determinación tan fija y constante, como es cierta e infalible su presciencia.
Y ahora, porque hemos de poner fin a este libro, consideremos cómo en el primer hombre, que ante todos fue criado, nacieron, aunque no según evidencia, sin embargo, según la presciencia de Dios, en el linaje humano dos compañías o congregaciones de hombres, como dos ciudades; porque de él habían de nacer, unos para venirse a juntar con los ángeles malos en las penas y tormentos, otros con los buenos en el premio eterno por oculto, pero justo juicio de Dios.