Ejemplos ?
O el pozo era en verdad profundo, o ella caía muy despacio, porque Alicia, mientras descendía, tuvo tiempo sobrado para mirar a su alrededor y para preguntarse qué iba a suceder después.
Si el influjo de tal cantidad de dinero produjo casi una bancarrota, seguramente que uno puede preguntarse si el proporcionar otros cuantos miles de millones a quien ha sido escogido como sucesor de la administración, sin una correcta supervisión para vigilar que sean correctamente invertidos, pudiera solucionar el problema.
Pero ¡pobre del hombre que lo entrega!" 23. Entonces empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos iba a hacer tal cosa. 24.
Si en un país, por ejemplo en los Estados Unidos, los tipos de salarios son más altos que en otro, por ejemplo en Inglaterra, debéis explicaros esta diferencia como una diferencia entre la voluntad del capitalista norteamericano y la del capitalista inglés; método éste que, ciertamente, simplificaría mucho, no ya el estudio de los fenómenos económicos, sino el de todos los demás fenómenos. Pero, aun así, habría que preguntarse: ¿por qué la voluntad del capitalista norteamericano difiere de la del capitalista inglés?
Iba a preguntarse, por cuarta o quinta vez, si el título de prado sería irónico, chocándole que cupiese en cabeza humana (ignoraba don Silvestre la historia del célebre paseo), la idea de llamar una cosa con el nombre que menos le conviene; pero recordó lo que acababa de ver con el de casa de fieras, y días atrás, con los de puertas de Segovia y de Atocha, y se convenció de que Madrid era una pura ilusión.
No hay para qué avanzar en esta somera investigación acerca del estado del país en lo que se relaciona con su progreso; importa más preguntarse ¿por qué nos detenemos?
Ventiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones incongruentas, de disparidad y de cambio, parecen muchos; pero, incluso sin tener en cuenta factores ajenos a esa paz -miseria, degradación, explotación-, cabe preguntarse si es real.
Uno lo es por el espíritu, otro por el cuerpo; uno fue puesto en el mundo como signo de admiración, otro como guión mayor, y cada uno puede preguntarse: ¿cuál es mi destino?
Alicia estaba empezando a preguntarse a sí misma: «Y ahora, ¿qué voy a hacer yo con este chiquillo al volver a mi casa?», cuando el bebé soltó otro gruñido, con tanta violencia que volvió a mirarlo alarmada.
Llegando aquí valdría la pena preguntarse: ¿hasta qué punto el nacionalismo latinoamericano, o aun el anarquismo y el pensamiento socialista –no aludimos a las normativas de la Tercera Internacional-, anulan el legado demoliberal?
Por ello, de vez en cuando surgen debates sobre la falta de buenos libros de texto o sobre sus contenidos; si llevan esto o si no lo llevan; si les falta o exageran; si prologan la Edad Media o se exceden en su futurismo; si hablan únicamente de lo que conviene a tal gobierno o callan hechos a todas luces peligrosos. De esta manera, suele preguntarse si en realidad es útil la presencia de un libro de tal índole en las escuelas.
La Humanidad ha pasado miles de años sin pensar en esto, como en tantos fenómenos de su existencia que ve de cerca todos los días con la distracción de la costumbre, sin sentir curiosidad ni preguntarse sus causas.