predicación

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predicación

1. s. f. Acción de predicar.
2. Doctrina que se predica o enseñanza que se da con ella.

predicación

 
f. Acción de predicar.
Doctrina que se predica o enseñanza que se da con ella.
Sinónimos

predicación

sustantivo femenino
Traducciones

predicación

sermon

predicación

Predigt

predicación

prédication

predicación

pregação

predicación

الوعظ

predicación

κήρυγμα

predicación

설교

predicación

SFpreaching
Ejemplos ?
allá, en el abismo inabordable, le habían cambiado el humor y las ideas; ya no era un trabajador resignado, sino un esclavo del jornal, que oía pálido y rencoroso las predicaciones del socialismo que en derredor suyo vagaban como rumor de avispas en conjura.
Después han seguido lavándome y perfumándome dos veces al día, regalándome a pedir de boca, y obligándome a estar en compañía de todas estas alegres señoritas, donde he acabado por olvidarme de Zoroastro y de mis austeras predicaciones, y por convencerme de que en esta vida se ha de procurar pasarlo lo mejor posible, sin ocuparse en la vida de los otros.
El profesor, fiel a las prescripciones de aquellos que nos precedieron, deberá emplear para esto la versión Vulgata, la cual el concilio Tridentino decretó que había de ser tenida «como auténtica en las lecturas públicas, en las discusiones, en las predicaciones y en las explicaciones»(30), y la recomienda también la práctica cotidiana de la Iglesia.
Es lo que quiso significar Tertuliano con estas palabras: «Declaramos que Dios debe ser primero conocido por la naturaleza y luego reconocido por la doctrina: a la naturaleza se la alcanza por las obras, a la doctrina por las predicaciones.» No quiero decir con ello que no se deba tener una altísima consideración por los pasajes de la Sagrada Escritura.
Cuando recorríamos esas tierras y veíamos esas gentes, y las sabíamos torturadas por pequeños caciques, olvidadas por todos los grupos, divididas, envenenadas por predicaciones tortuosas, teníamos que pensar de todo ese pueblo lo que él mismo cantaba del Cid al verle errar por campos de Castilla, desterrado de Burgos: ¡Dios, qué buen vasallo si ovierá buen señor!
Cuando el predicador, a propósito de la desollación del glorioso apóstol San Bartolomé, la emprendió con los hombres barbados que, convirtiéndose en miserables mujerzuelas, se entretienen en desollar con la lengua a todo bicho viviente, y cuando, a propósito de las predicaciones del apóstol, tomó por su cuenta a los que predican libertad y son capaces de doblar a palos a quien los contradice, a los que a un mismo tiempo tienen a Dios en los labios y al diablo en el corazón el efecto fue magnífico.
Algo más adelantaríamos si nuestros estadistas, o lo que sean, en vez de atender a las idas y venidas de don Carlos, y hacer caso de los periódicos del partido o de las predicaciones de este o de aquel Mella que toma al carlismo de materia oratoriable y de sport político, se fijasen en las necesidades de los pueblos, en las íntimas, en las que no se expresan.
El Padre Postas fue un capuchino famoso por sus predicaciones. Las anécdotas y graciosos dichos que de él se refieren, son innumerables.
Habiendo yo notado que al hallarme presente arreciaba en sus predicaciones el buen señor, adopté el sistema de darle la razón para que no se exaltase demasiado.
Y como testimonio de la solidez de esta unión, al tratarse de la elección de diputados, los unionistas trabajan por el triunfo de los de sus ideas; los progresistas, por los de las suyas, y los demócratas, sustituidos en la actual rueda política del exterminado partido conservador, preparan el terreno electoral con manifiestos y predicaciones en el sentido de sus especialísimas ideas; y demócratas, progresistas y unionistas vuelven a decir, cada uno de por sí, que ellos y no los otros partidos son lo que el país anhela y necesita.
Vedlos, en fin, montar la guardia en casa del cura, a quien ofrecen sus servicios para solemnizar la Misa del Gallo o la de Los Pastores; recorrer el barrio cantando coplas llenas de requiebros a la Virgen y al Niño Jesús; encender fogatas en medio de las calles luego que oscurece, como llamando a recogerse en sus casas a los vecinos que anden todavía dispersos por Madrid, y contarse alrededor de la lumbre historias de moros y cristianos, martirios y milagros de santos, hazañas de sus mayores en la guerra de la Independencia, cuentos de brujas y de aparecidos y otra porción de cosas muy preferibles a las predicaciones de esos filósofos racionalistas que hace algún tiempo se afanan por civilizar al pueblo...
3° Que en aquellos tiempos no se trataba todavía de resurreccion, pues es sabido que esta cuestion no se agitó entre los Judios hasta el tiempo de Gamaliel, un poco ántes de las predicaciones de Jesu Cristo.