prócer

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prócer

(Del lat. procer.)
1. adj. Que ocupa una posición social elevada. magnate
2. s. m. Persona de primera distinción constituida en alta dignidad. prohombre
3. HISTORIA Persona que, por derecho propio o nombramiento del rey, formaba parte, bajo el régimen del Estatuto Real, del estamento a que daban nombre.

prócer

 
adj. Alto, eminente o elevado.
m. Persona de elevada distinción o constituida en alta dignidad.

prócer

('pɾoθeɾ)
sustantivo masculino
hombre ilustre que es respetado por sus cualidades Los próceres que fundaron la patria.
Sinónimos

prócer

adjetivo
sustantivo masculino
Traducciones

prócer

héros

prócer

герой

prócer

البطل

prócer

Герой

prócer

英雄

prócer

英雄

prócer

גיבור

prócer

영웅

prócer

Hero

prócer

พระเอก

prócer

SM
1. (= persona eminente) → worthy, notable; (= magnate) → important person (esp LAm) (Pol) → famous son, famous citizen
prócer de las letrasliterary figure, eminent writer
2. (= líder) → great man, leader (LAm) → leader of the independence movement
Ejemplos ?
-exclamó Antoñuelo el Matraca al ver reunidos bajo el cobertizo del saladero del Viruta a los más caracterizados próceres de la guapeza de Pescadería, entre los que se destacaba por su arrogante actitud y por el desdén casi olímpico con que dignábase mirar de cuando en cuando a los demás héroes allí congregados, Currito el de los Bigotes.
Concluida la fiesta religiosa, pasó toda la comitiva al Palacio Nacional; y en el salón del Ejecutivo, donde se colocó con guardia de honor el ara en que figura el acta de la Independencia de Centro-América, se leyó previamente dicha acta para recordar á todos el bien recibido y los Próceres que alcanzaron nuestra libertad y autonomía; y en seguida, ocupando la tribuna el orador oficial Señor Lic.
III Si el episodio que acabo de referir revela indiciariamente de parte de la Junta de Representantes una tendencia visible hacia la porteñización de la Provincia, el que ahora paso a señalar, ocurrente en los mismos días en que aquél se produjo, mostrará claramente a los “próceres” civiles de San José de Mayo, planeando y realizando en el papel la formación de una oligarquía que, según se verá a su tiempo, al fin instauraron “para mejor proveer” en las soluciones unitarias… Al grano.
Si viene a oír las discusiones estamentales, en buen hora, por lo que respecta al Estamento de Procuradores; pues en el de Próceres han encaramado al público en un camaranchón estrecho y «cortilargucho», según dice La pata de cabra, como si no quisieran ser oídos.
na multitud alegre y abigarrada bullía la noche en que nos permitimos conducir a él a nuestros lectores en el famoso café cantante de Chinitas, donde, decidores y típicamente engalanados, lucían sus hechuras y prodigaban sus donosos decires los mozos más baríes y pintureros; charlaban, graves y reposados, los prohombres de la estiba y del arrumbo; pintábanla de rumbosos y macarenos algunos señoritos de índole achulada, y extasiábanse, enardecidos por el deseo, varios próceres de Roalabota y Jotrón...
«Olé», los señoritos rumbosos y macarenos. «Jolé», los próceres de Roalabota y Jotrón. «Olé», los prohombres del arrumbo y de la estiba, y «Olé por mi Niño», gritaron también las cantadoras, mientras la Veterana, llena de orgullo y mortificada a la vez por la superioridad indiscutible de su marido sobre ella, murmuraba, claveteándose los nítidos dientes en sus labios fragantes y purpurinos: «¡Ah, charrán!
Por eso en esta hora, entrego mi saludo de gobernante a los hermanos latinoamericanos esperanzado en que algún día el mandato de nuestros próceres se cumpla y tengamos una sola y gran voz continental.
Convocáronlos aquéllos, y éstos se reunieron en seguida. Pero celebróse antes un consejo de magnánimos próceres junto a la nave del rey Néstor, natural de Pilos.
Compuesta esta obra por los próceres Cristóbal de Mendoza y Francisco Javier Yanes, llegó al tomo 15 en 1828, época de la muerte de Mendoza.
enetrado que hubieron en el cenador, defendido de la curiosidad de los que transitaban por la polvorienta carretera, por una a modo de tupida y laberíntica red de trepadoras y de campanillas azules, sentáronse aquellos tres próceres de los barrios andaluces alrededor de la amplia mesa, no sin antes haberse despojado de las americanas y de los amplios paveros.
Toda una baraja de próceres —baraja compuesta, a diferencia de la del jugador, de naipes, todos, de la misma alta valía— me atemoriza y preocupa, con sus doce gloriosas sombras que son ya carne de historia, pasto de la misma historia, desde el respaldo de la silla que vuestra magnanimidad —y también, en cierto modo, vuestra crueldad— me ha destinado.
Y minutos después salían ambos próceres de la venta saltando las bardas del corral, y decíale el tío Cantales al ventero con acento tranquilo y reposado: -¡Camará, y que mo de poner pies en porvorosa!