poyo

poyo

(Del lat. podium < gr. podion , repisa.)
1. s. m. CONSTRUCCIÓN Banco de piedra, yeso u otro material que se construye arrimado a la pared y junto a la puerta de la casa me senté en el poyo de su casa a esperarla. poyal
2. HISTORIA Derecho que se abonaba a los jueces por administrar justicia.

poyo

 
m. constr. Banco de piedra, yeso u otra materia, que ordinariamente se fabrica arrimado a las paredes, junto a las puertas de las casas.
Derecho que se abonaba a los jueces por administrar justicia.
Traducciones

poyo

SM (para sentarse) → stone bench; (en cocina) → stone kitchen top; (de ventana) → stone ledge
Ejemplos ?
la necesito intacta para clavarla en la plaza. A las tres de la tarde sentaron á Antesana en im poyo de adobes, en la acera del oriente de la plaza.
“Bien está -dicen ellos-, pues di todo lo que sabes, y no hayas temor.” Sentóse el escribano en un poyo para escrebir el inventario, preguntándome qué tenía.
La fuente ó el pilar era el término de mi paseo cotidiano, y allí me sentaba yo en un poyo, bajo un eminente y frondoso álamo negro.
Doblé la última esquina, y, al entrar a la calle en que estaba mi casa, alcancé a ver a una persona sentada a solas en el poyo de la puerta.
Una vez le dije: —¡Hermana Maximina, qué bálsamo me traes? Ella, sonriendo llena de timidez, vino a sentarse en el otro poyo de la ventana.
La habitación de mi madrina, sita en las Nieves, no lejos de la plazuela de San Francisco (perdone el lector, quiero decir, la plaza de Santander), era pequeña, pero suficiente para su moradora: a la entrada, después de atravesar el zaguán empedrado toscamente, se encontraba un corredor cuadrado, separado del patiecito por un poyo de adobes y ladrillos, el cual estaba también empedrado, pero lleno de arbustos y flores, por lo que era para mi imaginación infantil un verdadero paraíso, que comparaba, con los de los príncipes y princesas de los cuentos que me refería Juana, una de las criadas de mi madrina.
En el poyo que separaba el patio del corredor se veían tazas de flores más cuidadas: contenían farolillos blancos y azules, ridículos amarillos, oscuras y olorosas pomas, botón de oro y de plata, pajaritos de todos colores, y otras plantas; en las columnas enredaban don-zenones y madreselvas; y por último, en el suelo, al pie de cuatro grandes moyas con su capa de lama verde (para coger agua en invierno), se veían muchos tiestos de ollas y platones rotos, en que crecían los piesecitos que debían ser trasplantados a su tiempo.
9 id por Castiella e dexen vos andar, Minaya; sin nulla dubda id a mio Çid buscar ganançia." Quiero vos dezir del que en buen ora ¡nasco e¿ çinxo espada: aquel poyo en el priso posada; mientra que sea el pueblo de moros e de la yente christiana el Poyo de mio Çid asil diran por carta.
Y murmurando así la tía Simona, deja las almadreñas a la puerta del estragal; cuelga la saya de bayeta con que se cubría los hombros, del mango de un arado que asoma por una viga del piso del desván; entra en la cocina, siempre seguida del chico, con la cesta que traía tapada con la saya; déjala junto al hogar; añade a la lumbre algunos escajos; enciende el candil, y va sacando de la cesta morcilla y media de manteca, un puchero con miel de abejas y dos cuartos de canela; todo lo cual coloca sobre el poyo y al alcance de su mano para dar principio a la preparación de la cena de Navidad, operación en que la ayuda bien pronto su hija, que entra con dos escalas de agua y protestando que «no ha hablao con alma nacía, y que lo jura por aquellas que son cruces...
Y fue que en el patio de una venta, donde se paró deseoso de echar un trago de rioja clarete y picante, vio arrimados a un poyo, trasegando vasos del mismo vinillo, a un gitano viejo y una gitana moza garrida, los cuales le convidaron.
Esta debe de ser sin dubda de ellas; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede en ella aunque me la den por mía.” Sentéme al cabo del poyo y, porque no me tuviese por glotón, calle la merienda; y comienzo a cenar y morder en mis tripas y pan, y disimuladamente miraba al desventurado señor mío, que no partía sus ojos de mis faldas, que aquella sazón servían de plato.
Ella hizo una cara como de susto; me enjugó las lágrimas; y cogiéndome de una mano con agasajo, fuimos en silencio a sentarnos en un poyo detrás de la cocina.