positivismo


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positivismo

(Del fr. positivisme.)
1. s. m. Carácter de las cosas, personas o asuntos que se atienen a las realidades materiales y experiencias objetivas. realismo
2. Actitud práctica actuemos con positivismo y dejemos de teorizar.
3. FILOSOFÍA Sistema filosófico que admite como única fuente de conocimiento la experiencia y rechaza las nociones a priori y todo concepto universal y absoluto.
4. Afición excesiva a goces y comodidades materiales. hedonismo

positivismo

 
m. Calidad de positivo.
Tendencia a las comodidades o beneficios materiales.
filos. Doctrina de A. Comte que admite únicamente los hechos empíricos y la inducción, como medios de conocimiento, rechazando todo concepto universal y absoluto.
positivismo lógico Corriente contemporánea que ha tenido gran influencia en el Círculo de Varsovia y en las escuelas de Oxford y Cambridge. Su principal preocupación consiste en investigar qué tipo de enunciados tienen sentido.

positivismo

(positi'βizmo)
sustantivo masculino
teoría que establece la experimentación como único método de conocimiento Comte fundó el positivismo en el siglo XIX.
Traducciones

positivismo

positivismo

positivismo

Positivismus

positivismo

positivisme

positivismo

Positivisme

positivismo

Pozytywizm

positivismo

θετικισμός

positivismo

Позитивизъм

positivismo

Pozitivismus

positivismo

positivisme

positivismo

פוזיטיביזם

positivismo

Positivism

positivismo

SMpositivism
Ejemplos ?
Al despojarse del prestigio que le daban los tradicionales factores históricos, semi anulados hoy por la democracia, el odio social se ha desnudado de cuanto lo volvía interesante y casi poético. Ha sido, como tantas otras cosas, reducido a su verdadero tamaño por el positivismo del siglo XIX.
No se diga -le dijo al mar, su confidente- que mi virtud venció cuando tuvo hambre y metafísica, y que sucumbe cuando tiene hartazgo y positivismo.
Del materialismo y positivismo contemporáneo : discurso leído en el Liceo de la Sociedad Económica de Amigos del país de León, Miñón, León 1870, 41 págs.
Como se sabe, ni la generación de los soñadores, ni tampoco la siguiente, conocieron el positivismo, aunque en sus motivos y enfoques lo anticiparon hasta el punto que, de Alejandro Korn a Leopoldo Zea, pocos se atreven a negar la existencia de un positivismo autóctono latinoamericano, con un desarrollo paralelo pero independiente del comtismo europeo.
Sus armas de combate eran de la fabricación más moderna; luchaba con los más recientes adalides del positivismo discreto atenuado, con el mismo género de discurso y de fuentes auxiliares que ellos.
Pero la convención de Montevideo, en primer lugar, ley de la nación hoy, me hizo ver que no era posible, en mi carácter oficial, sostener doctrinas de un positivismo absoluto, cuando el gobierno argentino, siguiendo la corriente del mundo civilizado, había aceptado el reconocimiento de los derechos de la inteligencia, consagrando su legitimidad, á la par de los que determina cualquier otro acto de la actividad humana.
Desde fines de la década del 60 la introducción del positivismo comtiano y spenceriano vino a reafirmar, y al mismo tiempo a corregir, el ideario liberal latinoamericano.
Según estas ideas, había moral, claro que sí; el positivismo y sus consecuencias éticas eran groserías horrorosas; el cristianismo tenía razón a la larga y en conjunto...
Por último, el positivismo irrumpe en el tercio final del siglo como un compendio razonado y sistemático de todas estas tendencias, bajo la forma de una filosofía científica, antiescolástica y antimetafísica, y como una ideología que reivindicaba tanto la libertad como la sociabilidad del individuo.
Ella no rechaza el positivismo comtiano; le acepta, despojándole del Dios-Humanidad y del sacerdocio educativo, es decir, de todo rezago semiteológico y neocatólico.
La cultura decimonónica iniciaba la apertura de múltiples caminos a la investigación y al pensamiento que llegaba hasta las utopías. Los filósofos prodigaron sus sistemas y desde el empirismo hasta el positivismo disertaron sus aproximaciones a la verdad.
El fenómeno se explica, en parte, por la “evolución inmanente de las ideas”-ambos positivismo partieron de las mismas premisas filosóficas-, pero fundamentalmente debido al relativo paralelismo entre la situación ideológica de Europa y Latinoamérica: el fracaso de la revolución francesa y de los paradigmas ilustrados a la hora de crear una sociedad libre de miseria, opresión y despotismo, tenía su equivalente en la frustración latinoamericana de la posemancipación.