porcelana


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porcelana

(Del ital. porcellana < lat. vulgar porcellagine < lat. portulaca, verdolaga.)
1. s. f. ARTES DECORATIVAS Loza fina, transparente y muy blanca, compuesta de caolín, feldespato y cuarzo, usada para hacer vajillas. cerámica
2. ARTES DECORATIVAS Vasija o figura hecha de esta loza tiene una colección de porcelanas chinas. cerámica
3. ARTES DECORATIVAS Esmalte blanco con una mezcla de azul usado en platería para adornar joyas y piezas de oro.
4. adj / s. f. Se aplica a un color blanco azulado como el de este esmalte.
5. s. f. INDUSTRIA Material cerámico usado en las piezas de aislamiento eléctrico.

porcelana

 
f. Especie de loza fina, transparente y lustrosa. Es una cerámica de pasta compacta, impermeable, que se fabrica con mezcla de caolín y sílice, adicionadas de algo de feldespatos para hacer más fusible la masa.
Vasija de porcelana.
Color blanco azulado.
art. y of. Esmalte blanco con mezcla de azul, que usan los plateros.

porcelana

(poɾθe'lana)
sustantivo femenino
1. loza fina clara y brillante un plato de porcelana
2. conjunto de útiles hechos de este material La fuente está en el armario de la porcelana.
Sinónimos

porcelana

sustantivo femenino
Traducciones

porcelana

Porzellan

porcelana

خَزَف

porcelana

porcelán

porcelana

porcelæn

porcelana

posliini

porcelana

porcelaine

porcelana

porculan

porcelana

磁器

porcelana

도자기

porcelana

porselein

porcelana

porselen

porcelana

porcelana

porcelana

porcelana

porcelana

фарфор

porcelana

porslin

porcelana

เครื่องเคลือบดินเผา

porcelana

porselen

porcelana

đồ sứ

porcelana

瓷器

porcelana

SF (= material) → porcelain; (= loza) → china, chinaware, porcelain
tienda de porcelanachina shop
estantes llenos de porcelanasshelves full of china o chinaware o porcelain

porcelana

f porcelain
Ejemplos ?
Ya tenemos la mar de cosas comprás: la cómoda, la mesa consola, una urna con su Virgen, dos floreros preciosísimos, una docena de sillas, dos cacerolas con baño de porcelana, diez cuadros con marcos doraos, qué sé yo, ¡la mar de cositas güenas!
La comadre tenía la culpa; la comadre y Dios, que la había hecho tan regraciosa y tan rebonita; si Dios no le hubiera dado unos ojos tan retecharranes y tan renegros, ni una carita de porcelana tan expresiva, ni un pelo tan abundante y tan reluciente, ni un pecho tan dislocador, ni una cintura tan retedislocadora, ni una cadera tan revaliente, ni unos pies tan rechicos, ni un metal de voz tan redulce...
Parece que no existe otra fórmula para poder vivir... ¡Qué digo vivir! Para gozar de la existencia, única, aunque quebradiza como porcelana. ¡Trabajar!
Ciudad de Zaruma Zaruma es la ciudad concebida en una geografía excepcional, saturadas sus entrañas con yacimientos de oro y grandes depósitos de calina o tierra de porcelana.
Además, le atraían los cacharros, aquella luciente porcelana con letreros de oro, que encerraba, como en urnas sagradas, el misterio de la salud, a precios fabulosos, imposibles para un jornalero.
¡Como las mías son las medias, de encaje como las mías!» Y el padre se sentó con ella en el sillón, y le puso en los brazos la muñeca de seda y porcelana.
El herido se encontraba en un jardín, terraza colgada sobre un río, cercada por tapia de escasa altura, hecha de azulejos de porcelana polícroma.
«¿Conque no te ha gustado la muñeca que te compré, con sus medias de encaje y su cara de porcelana y su pelo fino?» «Sí, mi papá, sí me ha gustado mucho.
Compró plumas de avestruz, porcelana china y arcones; pedía prestado a Felicidad, a la señora Lefrançois, a la hotelera de la «Croix Rouge», a todo el mundo, en cualquier lugar.
Sentada en un taburete el brazo ebúrneo coloca en un velador cuadrado, que cubre persiana estofa, y en que matizadas flores dan al ambiente su aroma, en vasos de porcelana de extraño barniz y forma.
Pero eso no sucedía muchas veces, sino cuando se ponía triste porque los hombres no se querían bien ni hablaban la verdad: lo de siempre era la alegría, y la música, y el baile, y los versos, y el hablar de valor y de las estrellas: y así pasaba la vida del emperador, en su palacio de porcelana blanco y azul.
La prueba de que seguiría siendo chiquilla, eran las dos muñecas enormes, vestidas de sedas y encajes, que encontró en su tocador, muy graves, con caras de tontas, sentadas en el confidente de raso. Allí no se concebía, ni en hipótesis, ni por soñación, que pudiesen venir otras criaturas más que aquellas de fina porcelana.