Ejemplos ?
Tal vez por la desesperación, mi aprendizaje había sido de inmediato. Por fortuna, vi aparecer un pequeño islote que para mí era una gigantesca isla.
Iba a responder doña Teresa, apelando al ímpetu belicoso en que consistía su única debilidad (y sin hacerse cargo, por supuesto, de que el pobre don Jorge estaba sufriendo horriblemente), cuando, por fortuna, llamaron a la puerta, y Rosa anunció al Marqués de los Tomillares.
flores que nos echa el caballero Capitán? ¡Por fortuna ya me ha explicado su señor primo todo lo que importaba saber respecto del carácter de nuestro amabilísimo huésped!
Pero no se trata ahora de esta pena, con la cual vivo y viviré perpetuamente en santa paz, y a cuyo dulce tormento no renunciaría por nada del mundo... Se trata de contrariedades de otra índole, en que por fortuna caben alteraciones, y que van a tener en seguida total remedio.
Aquello fue una malita racha que ya pasó por fortuna, y ni engarzao en oro ni guarnecío de topacios quiero yo a ese hombre, que cuando habla parece que está concediendo pensiones vitalicias y cruces de San Fernando.
------------- Cuando al día siguiente fue a saludar al Rey el Intendente, le dijo: -Ya he sabido lo que anoche, Señor, habéis sufrido; pero gracias al Dios Omnipotente vuestra hermosa salud no ha padecido. -Hoy, por fortuna, estoy perfectamente.
Fascinadamente aterrorizado miré el arribo de muchos cuervos que al llegar, volaban a mi rededor y descargaban sus picos furiosos en mi contra; intentaban penetrar furibundos el capullo que me apresaba y que por fortuna, me protegía.
Y allí con obra audaz del monstruo grueso lograron libertar a esta Lucina, si bien más por fortuna que por seso; llevándola a su padre en la marina que allí estaba y feliz vio su regreso.
En realidad, para el descargo de tu malvada acción, no lo mataste; sólo lo impulsaste a un cambio de dimensión. Por fortuna, la vigésimo primera vida le dará el impulso para perfeccionarse.
Sin esperar más ocurrencias lamentables, me interné en la espesura de aquellos matorrales que para mi estatura se convertían en una verdadera jungla. Por fortuna, cuando la niebla se hizo menos densa, una vasta luz iluminó el islote; parecía una salida que conducía a tierra firme.
La lluvia no cesaba de batir los cristales con ruidoso azote, y la conversación fué toda para lamentar lo borrascoso del tiempo que nos estorbaba castigar como quisiéramos a la facción alfonsina que ocupaba el camino de Oteiza. Por fortuna cerca del anochecer comenzó a calmar el temporal.
La noticia llegó a los cielos con la rapidez del rayo de Zeus, quien se despertó en su cunita de anciano furioso porque no lo dejaban permanecer en su sueño eterno desde que el tierno de Joshua le había dado su lección de amor y paz. Por fortuna, sonreía Zeus, las guerras entre los estúpidos humanitos proseguían y parecían no tener fin, aunque los teóricos del eros lanzaran manifiestos, sentones y marchas.