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-Mú güenos días señá Pepa. -¡Josús y cuánto güeno por aquí, señá Rosalía... cuánto güeno! Asiéntese usté... ¡Pepita!... ¡Pepita!...
El caracol suspira Y aturdido se aleja Lleno de confusión Por lo eterno. La senda No tiene fin, exclama. Acaso a las estrellas Se llegue por aquí. Pero mi gran torpeza Me impedirá llegar.
Al fin, después de reír un buen rato, TEZCATLIPOCA apareció maravillosamente en su disfraz de hermoso joven forastero y los guardianes lo llevaron ante la presencia de HUEMAC, quien le preguntó: -¿De dónde eres? -Señor, yo soy forastero y vengo por aquí humildemente a vender chiles verdes.
Mas qué crees: me busqué la madeja para contemplarla y deleitarme con su azul colorido y ya no la encontré. La busqué dos o tres veces, por aquí, por allá, y no estaba.
Así se ordenaron a los que ellos habían vencido, a todo Xibalbá. Se elevaron en seguida por aquí, en medio de la luz; subieron de repente a los cielos.
¡Pos ni que entrara usté en un gallinero! -¿Qué es lo que le trae a usté por aquí?-preguntóle Rosario, algo alarmada por la inesperada visita del Cachiporra.
Y sin que el ocelote pudiera evitarlo, el tlacuachito listo comenzó a bailar y bailar y bailar. Saltó por aquí; saltó por allá; saltó más allá.
-Buenos días -dijo el primero, con acento brusco y mirando con expresión de amenaza al Caracolo. -¿Cómo tantísimo güeno por aquí, mi tiniente?
Yo me he encontrado cada tipos con uniforme por aquí, que lo menos que uno puede pensar es: ¡Mira que este señor es descarado, se ha puesto un uniforme!
Angustias y Rosa habían salido también, por consejo de la muy complacida guipuzcoana, a rezar una Salve a la Virgen del Buen Suceso, que aun tenía entonces su iglesia en la Puerta de Sol, cuando el Capitán, a quien ya habían acostado de nuevo, oyó sonar la campanilla de la calle, y que doña Teresa abría el ventanillo y preguntaba: ¿Quién es?; y que luego decía, abriendo la puerta: ¡Cómo había yo de figurarme que viniera usted a estas horas! ¡Pase usted por aquí!; y que una voz de hombre exclamaba, alejándose hacia las habitaciones interiores: Siento mucho, señora...
¡Como casi nunca tengo yo la suerte de que entre tanto bueno por mis puertas, y hacía ya tantísimo tiempo que no venía usté por aquí!
A la tarde volveré yo por aquí, si mi señora la Condesa me da permiso para ello, y haré que te traigan ropa blanca, las cosas más urgentes que tengas que firmar, y cigarrillos de papel.