polvoriento

polvoriento, a

adj. Que está lleno o cubierto de polvo después de las vacaciones, nos encontramos la casa muy polvorienta. polvoroso

polvoriento, -ta

 
adj. Lleno o cubierto de polvo.

polvoriento, -ta

(polβo'ɾjento, -ta)
abreviación
que tiene mucho polvo o está cubierto con este una mesa polvorienta
Traducciones

polvoriento

dusty, powdery

polvoriento

مُغَبَّر

polvoriento

zaprášený

polvoriento

støvet

polvoriento

staubig

polvoriento

pölyinen

polvoriento

poussiéreux

polvoriento

prašnjav

polvoriento

ほこりっぽい

polvoriento

먼지투성이의

polvoriento

stoffig

polvoriento

støvet

polvoriento

zakurzony

polvoriento

empoeirado, Dusty

polvoriento

пыльный

polvoriento

dammig

polvoriento

ซึ่งปกคลุมไปด้วยฝุ่น

polvoriento

tozlu

polvoriento

đầy bụi

polvoriento

有灰尘的, 尘土飞扬

polvoriento

塵土飛揚

polvoriento

ADJ
1. [superficie] → dusty
2. [sustancia] → powdery
Ejemplos ?
Y así vinieron a recalar a Ceilán. Ahora Azerbaijan y Mahomet tomaron por un polvoriento camino torcido entre palmeras. A lo largo de cobertizos de bambú se veían hileras de viejas lavando azafrán; más allá, junto a un muro gris de piedras y de adobes, tres ancianos de turbante tra-bajaban frente a un telar.
Y como quien dice cansado dice inconstante, y Floraldo no vivía sin nuevos empeños, y nuevas ansias, y nuevas calenturas perniciosas de amor, acometiole una afición desatada por cierta danzarina, hija de un hebreo y una gitana de la Sierra, que bailaba en las plazas públicas sobre un tapiz polvoriento, y sonreía con igual sonrisa cruel y cínica de sus labios embermejados a todos los barraganes de la ciudad.
Ya de la intensa amargura que pusiera en su pecho la traición de la mujer querida no quedaba en él rencor alguno: su buena suerte en América, su trabajo recompensado, ofició sin duda para con sus heridas de bálsamo consolador, y al poco tiempo, al pensar en el ídolo, ya roto y polvoriento, murmuraba indiferente: -¡En medio de to no hay mal que por bien no venga!
Cosimos los sacos, rompimos las piedras y trabajó el taladro polvoriento: golpeamos las latas y gritamos los himnos, y sudamos en el molino, mas en el corazón de cada hombre quieto yacía el terror.
Ya sabes que la tenía muy bella, y unos rizos, como la flor del jacinto, apretados y obscuros. Ahora, su melena era un pegote polvoriento, bajo la corona de ramas de espino entretejidas, que le laceraba la frente.
Después, cuando salíamos al rojo y polvoriento camino, divisé otros jinetes apostados lejos en lo alto de una loma: Y como si allí estuviesen en espera nuestra, bajaron al galope cuando pasamos faldeándola.
Y ante la sonrisa y la mirada de aquélla, que fueron dos promesas y dos caricias, saltó ágilmente sobre su potro, que manoteaba impaciente, y un momento después alejábase Joseito el Pinturero por el polvoriento camino del Huerto de los Claveles.
El notario, que era la primera vez que venía recibido en esta parte de la casa, observó con curiosidad la tétrica estructura sin ventanas, y miró alrededor con una desagradable sensación de extrañeza atravesando el teatro anatómico, un día abarrotado de enfervorizados estudiantes y ahora silencioso, abandonado, con las mesas atestadas de aparatos químicos, el suelo lleno de cajas y paja de embalar y una luz gris que se filtraba a duras penas por el lucernario polvoriento.
Y no pudieron continuar en su diálogo las dos hermanas, porque en aquel instante sintióse el brioso trotar de un caballo en el polvoriento camino, y momentos después decía Joseíto desde la reja con voz querellosa y besando con sus ojos los ojos negrísimos de Rosario: -¿Y hoy no habrá por aquí un alma caritativa que le dé siquiera por compasión un buchito de agua a un probetico sediento?
Como el corzo que presiente la jauría, se levantó con vigoroso impulso y encorvado como nunca, arrastrando sus psados pies, desapareció tras un recodo en el camino polvoriento.
En tales ocasiones su único recurso para cambiar de ideas o alejar los espíritus maléficos consistía en cantar salmos; las buenas gentes del Valle Dormido, sentadas a las puertas de sus casas, se asustaban al oír sus nasales melodías que venían de alguna colina distante o seguían a lo largo del polvoriento camino.
Distinguíase en un rincón la forma de Cristo encubierto por el sudario, y Garroso, trémulo de espanto y desesperación, presenció como los bandidos rasgaban el paño polvoriento y descubrían la sagrada efigie -cuyas barbas le parecieron desmesuradas, formidables-.