Ejemplos ?
Deduzca él del polvo áfrico y de las estrellas 200 rielantes su número antes: el que enumerar quiere de vuestro juego los muchos miles.
¡Contienda de Titanes! Su heroismo Asombro inspira á la caduca Europa, Y hunde en el polvo al férreo despotismo, Vil traficante con la humana tropa.
Pero la que se ha dado a un impuro adulterio, de ella, ah, malos dones el leve polvo beba, incumplidos, 85 pues yo de las indignas premios ningunos busco.
Jácome, instintivamente, saltó de costado, evitando la embestida furiosa; vio tendido a Sendo; a su lado, en el polvo, el cuerpo de la liebre...
Cada vez que llegaba un forastero sacaban la hoja, la desdoblaban y manoseaban, con lo que el escrito, trazado a lápiz, iba borrándose progresivamente y volviéndose ilegible; al fin nadie podía reconocer que aquello fueran letras. La botella permaneció todavía otro año en el armario; luego la llevaron al desván, donde se cubrió, de telarañas y de polvo.
Y podrían ser incluso más extrañas si los hombres de la ciudad y los químicos universitarios tuvieran el interés suficiente para analizar el agua de aquel pozo olvidado, o el polvo gris que ningún viento parece dispersar.
Los preciosos murales que adornaban las casas destinadas a la meditación creadora, los TEOCALLIS (calli: casa), las casas del Teotl, se iban cubriendo de polvo y se resquebrajaban.
Una ocurrencia de Ferreiro hace tanto viento al correr que puede quitar todo el polvo de una vitrina y voltear los sombreros de los hombres que se acercan a mirarla.
En el hórrido combate, NEZAHUALCOYOTL decía entusiasmado: Esmeraldas, turquesas, son tu greda y tu pluma, oh, IPALNEMOHUANI, ya se sienten felices los príncipes con florida muerte a filo de obsidiana. Con la muerte en la guerra regresamos a tí. Polvo de escudos, niebla de dardos.
IV La hora de realizar; de poder soplar el polvo de los archivos y el de las bibliotecas en busca de viejas verdades útiles y de antemano anheladas, llególe – al fin - a Mitre a poco de instalarse en Buenos Aires después de Caseros.
Asimismo, ni que el lugar tuviera claridad, de la quitaría el polvo, que si al raso es una cosa pesada y molesta ¿qué hacer allí, donde se revuelve sobre ella misma, y donde, cerrada y sin ninguna espiral, cae sobre lo mismo que la ha levantado?
Asombroso aquel día en que resucitarán del polvo mis maestros, para ser juzgados como hombres inculpados, perdónalos, ¡oh Dios piadoso de las ciudades y los pueblos!