Ejemplos ?
– Rota de un golpe, como una estaca, ¡su pobre pierna! ¡Pobrecillo!, yo al ver aquello, me puse furioso. Quería aplastar el ídolo a golpe de pala, pero el señor de Peyrehorade me detuvo.
Y eso que, si he de decir la verdad, desde que murió maese Pérez parece que me echan una losa sobre el corazón cuando entro en Santa Inés... ¡Pobrecillo!
lo más selecto y más clásico, lo más puro y más legítimo del diccionario especial de tamaños barbarismos Entonces ya confesó, sin ambajes ni remilgos, que estuvo en Puerto Real tres años vendiendo vino y llevando garrotazos de padre y muy señor mío; que sacó seiscientos reales por todo producto líquido, después de comprar el jaco, ropa, escopeta y avíos, y que entró con una onza en su casa, el pobrecillo, y la gastó en francachelas por echársela de rico...
Escudriñó con los ojos y acabó por descubrir, entre la verdura de un matorral, un pobre cachorrillo de perro que parecía buscar camino en tierra. «¡Pobrecillo!
La mataron, y la panza en que se hallaba prisionero el pobre Tom, fue arrojada al estiércol. El pobrecillo trabajó mucho para desenredarse, y empezaba a sacar la cabeza fuera, citando le sucedió una nueva desgracia.
lo sabe, V. le ha oído, el de Madrid toca como un ángel; y el pobrecillo pone una cara de bueno pa tocar... La señora Engracia estaba de acuerdo con Lucas, y no había disputa; el mozo se volvía a retozar con el gato.
Era inútil que la aficionaran al empleado del telégrafo, tenido por buen joven y que vestía con un terno de casimir azul y camisa almidonada. No; la Loica devoraba con los ojos a este pobrecillo y se enardecía más en la imposible lucha.
Esto, por cuanto sé, puede explicar perfectamente la alteración de la voz; y explica también la máscara, explica el hecho de que no quiera ver a nadie, explica su ansia de encontrar esa medicina con la que espera aún poder curarse. ¡Y Dios quiera que así sea, pobrecillo!
Cuando el domingo, al despuntar la aurora, escuches el silbido penetrante de la locomotora, levántate al instante, sube a la alta azotea y desde allí contémplame amorosa, que aunque yo no te vea tan cerca como anhelo, me servirá de alivio, niña hermosa, que me digas adiós con el pañuelo.» ---------- De este modo escribía el afligido Juan a su María, sin comprender, el pobrecillo...
Y, aunque ahora lo detesto, me vuelvo ignominioso, e inoportuno; que el pobrecillo ayuno viene a hacer lo que hubiera en otro estado a otro censurado.
–Pero ¡Eugenia, por Dios!, ¡si ya sabes cómo le encontré, pobrecillo!, ¡si es además mi confidente...!, ¡si es a quien dirijo mis monólogos todos...!
-Tuberculosis, vamos -exclama el más joven de los dos hombres. -Así será puesto que tú, médico, lo dices. -¡Pobrecillo!... -murmura la esposa del médico.