Ejemplos ?
—Para marido sirve cualquiera— dijo para sus adentros la moruela, como aquel pobre diablo que fué á solicitar empleo en una casa de comercio, y preguntándole el patrón si estaba expedito en el manejo de la caja, contestó:— Calcule usted si lo estará quien, como yo, ha sido cinco años tambor en cuerpo de línea.
—¿Y por qué me la endilga y no la aprovecha usted para sus disquisiciones tradicionales? Yo, mi amigo, soy como el usurero aquel á quien fué un pobre diablo á empeñarle un bonito cuadro.— ¿Es de usted?
Más que de ciencia y de suficiencia, tenía necesidad de dinero, para obsequiar á cada miembro del claustro lo que se llama- ba la propina de ave y confitura. Muy pobre diablo era el que salía del apuro con un gasto de mil duretes.
Ni el más rico ni el más pobre; ni el más sabio ni el más ignaro; ni el más bello ni el más feo; ni el más fuerte ni el más débil; ni el más poderoso ni el pobre diablo; todos sucumbimos ante la naturaleza a la hora de la muerte.
Sin embargo, bajo la lluvia de amenazas, poco a poco se fue restableciendo el orden en la clase, y el profesor, que por fin logró captar el nombre de Charles Bovary, después de que éste se lo dictó, deletreó y releyó, ordenó inmediatamente al pobre diablo que fuera a sentarse en el banco de los desaplicados al pie de la tarima del profesor.
-le preguntó su señoría. -No, señor -contestó el pobre diablo-, no me pega..., pero me la pega. Este marido era de la misma masa de aquel otro que cantaba: «Mi mujer me han robado tres días ha: ya para bromas basta: vuélvanmela.
Aunque el cura decía que era ese hombre un bote de malicias, la verdad es que Pepete no pasaba de ser un pobre diablo, que hablaba mucho y mal y que, sin respetos por nadie, salpicaba la conversación con dicharachos tabernarios y tacos más redondos que una bola.
Entonces, adivinando instintivamente que la mujer lo había traicionado, tomó el trabuco por el cañón y lo dejó caer pesadamente sobre la infeliz, que se desplomó con el cráneo destrozado. Mañuco el parlampán Si hubo hombre en Lima con reputación de bonus vir o de pobre diablo, ese fue sin disputa el negro Mañuco.
¡Ya ni siquiera piensa! se decía ella mirando al pobre diablo de cuya roja pelambrera chorreaba el sudor. Bovary buscaba un ochavo en el fondo de su bolsa sin parecer comprender todo lo que había para él de humillación sólo con la presencia de este hombre que permanecía a11í, como el reproche personificado de su incurable ireptitud.
Aventuré una broma y vi que luchaba penosamente por sonreír. ¡Pobre diablo! Pensando en su esposa, me maravillaba que fuera incluso capaz de aparentar alegría.
¡Me insulta! ¡Me exige más de lo que puedo darle! Me llama desobligado ¡Inútil!... Pobre diablo... Tú sabes que soy lo contrario...
La doncellica pagaba á todos con desdeñosas sonrisas, porque tenía la intuición de que no estaba predesti- nada para hacer las delicias de ningún pobre diablo de su tierra, así fuese buen mozo y millonario.