Ejemplos ?
Estos, por la mayor parte, son gente plebeya; tratan más de parecer bravos que lindos; visten a lo rufianesco, media sobre media, sombrero de mucha falda y vuelta, ligas con puntas escarramanadas, valona francesa, todo el hierro a un lado; comen en bodegón de vaca y menudo, bastimento de provecho; beben a fuer de valientes y dicen: «Quien bebe bien, bien riñe».
Si bien eran valientes y temidos en los combates o en una heroica defensa, era necesaria una vigilancia de la autoridad local y mucha actividad para evitar los desórdenes parciales. Hasta usurpan a veces una dictadura plebeya, cuyos excesos sabían utilizar los partidos.
Y, como ellos por maravilla atienden a otra cosa que a sus tratos y contratos, trátanse modestamente; y, como la ambición y la riqueza muere por manifestarse, revienta por sus hijos, y así los tratan y autorizan como si fuesen hijos de algún príncipe; y algunos hay que les procuran títulos, y ponerles en el pecho la marca que tanto distingue la gente principal de la plebeya.
El Poeta, pues, es un individuo de nuestra raza humana, que ve la luz en el lugar que el Sumo Hacedor le destina para nacer, en la aldea o en la corte, en la tierra o en el mar, y en medio de una familia noble o plebeya, opulenta o miserable, como todos los demás hombres.
Acto fueron llamadas, porque imitan las vulgares acciones y negocios, Lope de Rueda fue en España ejemplo de estos preceptos y hoy se ven impresas sus comedias de prosa tan vulgares que introduce mecánicos oficios, y el amor de una hija de un herrero, de donde se ha quedado la costumbre de llamar entremeses las comedias antiguas, donde está en su fuerza el arte siendo una acción, y entre plebeya gente, porque entremés de rey jamás se ha visto, y aquí se ve que el arte por bajeza de estilo vino a estar en tal desprecio, y el rey en la comedia para el necio.
Y buscando sus violencias en ella al príamo fuerte, dio al Entendimiento muerte, que era Rey de las potencias; y sin hacer diferencias de real o plebeya grey, haciendo general ley murieron a sus puñales los discursos racionales porque eran hijos del Rey.
Las luces postreras despiden apenas destellos, que tiemblan. La choza plebeya, que horcones sustentan; la alcoba, que arrean cristales y sedas; al sueño se entregan.
La amiga envidiosa y codiciosa se encontró en la capital de Pordesarquía, pero se quedó extramuros. Los guardias que defendían la puerta de la ciudad la llamaron ruin, plebeya y haraposa y no le dieron entrada.
Media hora hacía, lo menos, que a ningún ausente le alcanzaba un arañazo; la fiera plebeya de la baja murmuración empezaba a rendirse, de tanto haber dado descanso a las uñas.
Por el lado de la sombra, punta a punta la atraviesan de la calle de la Sierpe hasta la calle de Génova, y el bulto de sus espadas, que bajo la capa llevan, las plumas de sus birretes y el rumor de sus espuelas, por hidalgos les acusan, por más que entrambos se empeñan en pasar como personas de común raza plebeya.
Aunque su padre, el Conde, era rico, ella deseaba ser riquísima para poder casarse con el príncipe heredero del Reino de Cocolandia, pero el rey había designado con gran flaqueza para la aristocracia, a una flaca plebeya con el fin de casarla con su hijo, el príncipe, sólo por ser arqueóloga afamada… y como al soberano le fascinaba la arqueología.
Pero yo sigo en mis trece, y no me enojo al ver esas infelices, víctimas del mal gusto de una moda plebeya, si así puede decirse; únicamente las compadezco, porque ésta, don Braulio, es la venganza de las almas nobles; así compadezca usted también a los avaros.