Ejemplos ?
Estos son los trabajadores que sirven la comida de nuestras tropas, les lavan los platos, cuidan a nuestros veteranos; personas que viven en Estados Unidos que trabajan duro y que recibirán un aumento de sueldo a medida que se establecen estos contratos.
Todos los platos castañetearon de regocijo, y la escoba sacó del bote unas hojas de perejil, y con ellas coronó a la olla, a sabiendas de que los demás rabiarían.
Afortunadamente, al lado de afuera de la puerta de la pieza había un pequeño escaño y como aquí el clima es templado, podían estar siempre afuera. El siguiente problema fue la necesidad de platos, cucharas, etc., pues ellas tenían solo uno o dos de estos utensilios.
El organismo destacó el programa de formación de gerentes y vinculadores tecnológicos y el fondo fiduciario, Débora, para la producción del software, y también tres cosas que le voy a decir y que revelan el salto que hemos dado en ciencia y tecnología: primero, en el año 2014 incorporamos 812 nuevos investigadores al CONICET, en el año 2003 eran apenas 3.800, los habían mandado a lavar los platos, y muchos se habían ido del país.
Nuestro padre se comportaba con Coppelius como si este perteneciera a un rango superior y hubiera que soportar sus desaires con buen ánimo. Nunca dejaba de ofrecerle sus platos favoritos y descorchaba en su honor vinos de reserva.
Quiero también mencionar el Plan Raíces, que permitió repatriar a más de 1.000 argentinos y argentinas, que se habían ido del país, muchos de ellos egresados de las universidades públicas y gratuitas por falta de oportunidades para desarrollarse en su país y que hoy retornan a trabajar junto a nosotros, a lo que yo creo que es devolverle parte de lo que la Argentina les dio. Un investigador, en el año 2003, ganaba 1.175 pesos, si hubiera ido a lavar platos seguramente le pagaban más.
Yo debía entrar a un colegio, en internado terrible y triste, a dedicarme a los áridos estudios del bachillerato, a comer los platos clásicos de los estudiantes, a no ver el mundo -¡mi mundo e mozo!- y mi casa, mi abuela, mi prima, mi gato, -un excelente romano que se restregaba cariñosamente en mis piernas y me llenaba los trajes negros de pelos blancos.
Entreme a comer en una fonda, y no sé por qué me encuentro llenas las mesas de un concurso que, juzgando por las facultades que parece tener para comer de fonda, tendrá probablemente en su casa una comida sabrosa, limpia, bien servida, etc., y me lo hallo comiendo voluntariamente, y con el mayor placer, apiñado en un local incómodo (hablo de cualquier fonda de Madrid), obstruido, mal decorado, en mesas estrechas, sobre manteles comunes a todos, limpiándose las babas con las del que comió media hora antes en servilletas sucias sobre toscas, servidas diez, doce, veinte mesas, en cada una de las cuales comen cuatro, seis, ocho personas, por uno o solos dos mozos mugrientos, mal encarados y con el menor agrado posible; repitiendo este día los mismos platos...
Una criada toda azorada retira el capón en el plato de su salsa; al pasar sobre mí hace una pequeña inclinación, y una lluvia maléfica de grasa desciende, como el rocío sobre los prados, a dejar eternas huellas en mi pantalón color de perla; la angustia y el aturdimiento de la criada no conocen término; retírase atolondrada sin acertar con las excusas; al volverse tropieza con el criado que traía una docena de platos limpios y una salvilla con las copas para los vinos generosos, y toda aquella máquina viene al suelo con el más horroroso estruendo y confusión.
¡Olé! Por esa pluma coquetona los platos se aplastan la nariz ¡Ah, qué pleito el de los platos por culpa de esa pluma plateada! En plena plazoleta, cual plebeyos plataneros, no escuchan las plumíferas plegarias y se dan de platazos entre chispas platinadas.
Y oía el ruido de los platos, docenas de platos, tazas y ollas que las sirvientas —¡eran diez ahora!— raspaban y flotaban con rapidez vertiginosa.
Jacques ─el carbonero se llamaba Jacques─ se lo comía todo con la mirada. Pero a la mujer había una cosa que le atormentaba: siempre tenía que estar viendo la sopera en el medio de todos los platos.