piqueta


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piqueta

s. f. CONSTRUCCIÓN Herramienta formada por un mango de madera y dos bocas opuestas, una plana y otra aguzada, que se usa en albañilería. zapapico

piqueta

 
f. art. y of. Zapapico.
Herramienta de albañilería con mango de madera y dos bocas opuestas, una plana como de martillo y otra aguzada como de pico.
Sinónimos

piqueta

sustantivo femenino
Traducciones

piqueta

pick, pickax

piqueta

picozza

piqueta

SF (= herramienta) → pick, pickaxe, pickax (EEUU); [de tienda de campaña] → peg
Ejemplos ?
El anciano creyó que debía ser la Cenicienta; trajeron una piqueta y un martillo para derribar el palomar, pero no había nadie dentro, y cuando llegaron a la casa de la Cenicienta, la encontraron sentada en el hogar con sus sucios vestidos y un turbio candil ardía en la chimenea, pues la Cenicienta había entrado y salido muy ligera en el palomar y corrido hacia el sepulcro de su madre, donde se quitó los hermosos vestidos que se llevó el pájaro y después se fue a sentar con su basquiña gris a la cocina.
–Pero, lo repetimos una vez más: el batllismo es una fuerza porque es una obra firme, de raigambre profunda en la vida y en la conciencia nacional, realizada a despecho de todo, capaz de sobrevivir por su propia virtualidad, inaccesible a la piqueta demoledora porque habría que derrumbar la existencia, con el progreso mismo del País, para desvanecerlo en el polvo que empenacha las ruinas al impulso del viento.
Entonces disponían de las granadas macizas y los botes de metralla de la artillería, de efecto relativamente débil; hoy, de las granadas de percusión, una de las cuales basta para hacer añicos la mejor barricada. Entonces se empleaba la piqueta de los zapadores para romper las medianerías, hoy se emplean los cartuchos de dinamita.
Algunos grupos se amotinan al verlo y amenazan a los generales; pero éstos, con una presteza admirable, que demuestra la frecuencia con que lo hacen, se cambian la casaca; el de la piqueta destruye una catedral y el de las cuartillas escribe media docena más.
No; los obreros no alcanzan a comprender que si practicaran la solidaridad de clase, si tuvieran un solo arranque de energía, si dieran unos cuantos golpes con la piqueta y el hacha, no tardaría mucho en venir por tierra el edificio de todos los abusos y de todas las iniquidades.
El amor propio, el pundonor le reaniman. Alza la piqueta con más ánimos. Se acuerda del contratista, de la ojeada de desprecio con que le dijo al concederle jornal: -Te tomo..., no sé por qué; no vas a valer; estás esmirriado; eres un papulito que siquiera puedes con la herramienta...
El zumbido de la piqueta, su retumbo mate contra la pared borrosa, era lo único que vagamente percibía, envuelto en el jadear de su anhelante pecho.
Si un castillo y una dala sostenían tu mundo de piedras y de inciensos ahora con dos golpes de piqueta y una pala sin amor para el escombro derrumbo el calicanto de tus bardas falsas y rompo los estucos de mi cárcel sitiada por tu Biblia muerta.
Que la piqueta arruine, y el látigo flagele; la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste, y que el buril burile, y que el cincel cincele, la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.
Su faena mecánica les atontaba quitándoles del pensamiento cuanto no fuese la repetición incesante, espaciada por la acción de alzar y bajar la piqueta, del golpe que había de socavar aquella trinchera formidable, desmontando tierra y más tierra, que llevaban los carros ni sabían los jornaleros adónde.
Entre tanto, ya que no justos con la patria, sedlo cuando menos con la lógica; declarad neos a Daoíz y Velarde y huid de su sepulcro con la sublime repugnancia con que, en vuestra alta flamante sabiduría, huís de la vieja religión de vuestros padres y de las rancias preocupaciones tradicionales que sin cesar socavan la piqueta de Romero Ortiz y el azadón de Ruiz Zorrilla, para ofrecer sus escombros en los altares que alzó la revolución de septiembre a las nuevas creencias, cuyos apóstoles más inspirados son Quintero, García Ruiz y Capdevila.
La piqueta al hombro el sepulturero, cantando entre dientes, se perdió a lo lejos. La noche se entraba, el sol se había puesto: perdido en las sombras yo pensé un momento: "¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!" En las largas noches del helado invierno, cuando las maderas crujir hace el viento y azota los vidrios el fuerte aguacero, de la pobre niña a veces me acuerdo.