pillín

pillín

 
m. Dim. gralte. cariñoso de pillo.
Traducciones

pillín

/ina SM/Frascal, scamp
Ejemplos ?
Todos viven aventuras día a día que los llevan a aprender lecciones importantes de la vida. Pillín (Araña)-El más osado Rebote (Chinche) - Hijo menor de Miss Spider Dragón (Libélula) - Hijo mayor de Miss Spider Rubí (Escarabajo)-La más lista Holley (Araña) - Esposo de Miss Spider Petunia (Araña) - Hermana gemela de Copito Copito (Araña) - Hermana gemela de Petunia Giro (Araña)-EL más parecido a Holley Bailarín (Araña)-El más miedoso.
13, Rue del Percebe es una macroviñeta que ocupa una página, dividida a su vez en viñetas no secuenciales, y que muestra en clave de humor un edificio de apartamentos y la comunidad que lo habita: Planta baja Colmado Senén: Ubicada a la izquierda, se halla la tienda de ultramarinos de Don Senén, un desconfiado tendero que siempre encuentra modos de engañar a las clientas con el peso y la frescura de la mercancía (aunque a veces le sale el tiro por la culata), que recuerda a Margarito Celemín, un vendedor muy pillín de Blas Sanchís, El dependiente Vicente, de Escobar, El tendero Sisebuto y su aprendiz que es un bruto, de Pedro García Lorente.
Toda la animalidad los detestaba, en verdad. El más rapaz era un sucio criticando cruel al rucio -Qué bien tocas el flautín- comentaba el muy pillín.
Y la terrible enfermedad debió de ofenderse por los malos pensa­mientos de don Andrés y un día, ¡ cataplum!, metióse por las puertas del principal, y su primer anuncio fué a apretarle la garganta a Pillín.
Pero, por malos que seáis, no hubierais gozado con la caída del hombre inexorable, al verle después sombrío, reconcentrado, ante la misma cuna cubierta de flores blancas, pasando la mano temblorosa sobre la pálida frente de Pillín, helada con ese frío especial que sube por el brazo hasta el corazón, y mirando de cuando en cuando al cielo con expresión desesperada, como si por allá arriba anduviese algún prófugo contra el que preparaba la más terrible de las acusaciones.
Pero ya todo había pasa­do; no volvería más, no, señor; ella lo aseguraba con una firmeza cán­dida que hacía reír; y ahora, en premio a sus tormentos, tenía al lindo monigote, a aquel bebé de carne y hueso, a quien todos en la casa lla­maban Pillín, por bautizarle con tan extravagante nombre la rústica niñera, una criadita cerril que, en opinión de algunos, la habían cazado con lazo en las montañas de Chelva.
Por la mañana, cuando el señor estaba en la Audiencia salvando a la sociedad a fuerza de oratoria indignada, la mamá se entretenía con Pillín, dando rienda suelta a sus aficiones de colegiala traviesa, que la maternidad no había extinguido.
Y acercándose al oído del provinciano le dijo algo que le obligó a mirar al diván con ojos llenos de lujuria. -¿Odaliscas, eh? ¡Ah, pillín! -gritó entre carcajadas grotescas el hombre de las charadas.
Madre e hijo tenían, moralmente, la misma edad. Pillín pateaba como un gatito panza arriba sobre la alfom­bra del salón...
La mamá y el niño salían a recibirle en la escalera, y los vecinos veíamos cómo después de comerse a besos a Pillín se lo echaba al hombro y se metía dentro, andando con majestad, como un San Cristóbal, con chis­tera y lentes.
La fama le preocupaba poco: lo único que le enorgullecía era ser padre de Pillín, y que su mujer, que antes era tan poquita cosa, tuviese unos pechos abultados, fuertes, siempre llenos, y la abnegación bastante rara de criar a su hijo.
Los autos y Pillín le absorbían, y por las ma­ñanas tenía que hacer un penoso esfuerzo para entregar el niño a la mamá y marcharse a la Audiencia...