Ejemplos ?
invertidos en agua de Colonia para uso y consimio de su excelencia el Libertador, gasto que corre parejas con la partida aquella del Gran Capitán:— En hachas, picas y azadones, tres millones.
Pronto trabaron alrededor del cadáver de Alcátoo un combate cuerpo a cuerpo, blandiendo grandes picas; y el bronce resonaba de horrible modo en los pechos al darse botes de lanza los unos a los otros.
Oh amigos, venid e indignaos en vuestro corazón: no sea que los mirmidones le quiten la armadura e insulten el cadáver, irritados por la muerte de los dánaos a quienes hicieron perecer nuestras picas junto a las veleras naves.
Todos arremetieron con las picas levantadas y cargaron sobre los dánaos, pues tenían grandes esperanzas de arrancar el cuerpo de Patroclo de las manos de Ayante Telamonio.
"Registra en otras puertas el venado Sus años, su cabeza colmilluda La fiera, cuyo cerro levantado, De helvecias picas es muralla aguda; La humana suya el caminante errado Dio ya a mi cueva, de piedad desnuda, Albergue hoy por tu causa al peregrino, Do halló reparo, si perdió camino.
Se llamó a los labriegos de las comarcas vecinas y todos, a la hora del crepúsculo, se lanzaron al palacio armados de piedras, picas y azadones.
Sacad banderas, pues; tóquense cajas, haciendo las baquetas los pergaminos rajas; terciad las picas, disparad cometas; que así cobró su esposa en Troya el Griego: publicando la guerra a sangre y fuego.» Calló Raposo, y luego del senado el voto conferido, en la guerra quedó determinado, por ser de todos el mejor partido, más justo y más honroso; y dando Mizifuf, como era justo, los brazos y las gracias a Raposo, brotando humor adusto, a hacer la leva de la gente parte.
Después de Iñaquito, Gonzalo le regaló algunos millares de onzas y le dio á mandar un regimiento de picas, compuesto de ciento cuarenta hombres.
A sus bravos capitanes, humildes obedeciendo, forman un bosque de picas cuyas puntas son luceros, y donde los arcabuces, preñados de rayo y trueno, van pronto a llenar el aire de humo, plomo, muerte y miedo.
Los arcabuces de España no hay fila que no destrocen, no hay caballo que no ahuyenten, no hay guerrero que no postren. Y las picas españolas no hay escuadra que no arrollen, embate que no resistan, ni denuedo que no asombren.
Siguen treinta caballeros que negros caballos guían, del pie a la cabeza armados y las viseras caídas. Negros son los pendoncillos de las inclinadas picas, y negros los paramentos, vestes, bandas y divisas.
Los que antes, ávidos del funesto combate, llevaban por la llanura al luctuoso Ares unos contra otros, se sentaron —pues la batalla se ha suspendido— y permanecen silenciosos, reclinados en los escudos, con las luengas picas clavadas en el suelo.