picarón

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picarón, -rona

 
adj.-s. Aum. de pícaro.

picarón, -rona

(pika'ɾon, -ɾona)
abreviación
persona que es muy hábil, ingenioso y travieso un joven picarón
Traducciones

picarón

A. ADJnaughty, roguish
B. SM (LAm) (Culin) → fritter
Ejemplos ?
Usan pantalón y zapatos negros y sombrero pintado. También conocida como la picarona, era muy usada por las damas de antaño en Carnaval.
Debajo de la manga lleva cosido un pañuelo, que permite estirar el brazo. La falda confeccionada con tela de zaraza de dos a tres tramos, con o sin picarona.
-Que me den una puñalá aonde yo diga, si te entiendo, chavó. ¿Que tú quiées que yo le jaga la ruea a la Picarona, porque a ti la Picarona te gusta más que los molletes con manteca?
Su perseguidor se detiene un momento delante de la puerta y luego avanza hacia el guardián y le dice sonriente: —¡Cómo gritaba la picarona, y eso que no alcancé a pasarle por el cogote el bichito ese!
-¡Mía qué Dios, pos el de plata! -Pos bien: tú eres el remontúa de oro, y el de plata fina yo, y los de metal los otros que andan cimbeleando a la Picarona.
-¿Y mis zapatos? -dijo Mercurio-; ¿qué hiciste de ellos?, ¿en dónde me los has puesto, picarona? -Ahí los tienes -respondió la musa, sacándolos de la faltriquera-.
Que todos los ataques se dirijan contra Fotis, la joven sirviente: la picarona no es nada fea, le gusta la broma y yo no soy menos taimado que ella.
-Pos le diré a usté -repúsole dulce y gravemente el Ecijano-, lo menos jace ya una semana que ese hombre, una noche que pasó por aquí se encontró al dirse a su casa que le habían tomao toas las cosas que dice, y enseguiíta se dijo él: «Ya sé yo quiénes son los dos charranes que se han cargao conmigo esta malita faena». -Pero ¿eran dos o uno? -preguntóle zumbonamente la Picarona. -Era una maravilla que tiene dos charranes en la cara.
Y Antonio se echó a gastar en misas de San Gregorio y demás sufragios por el ánima de Pérez de Araus, y la picarona ni por esas: no dejaba pasar noche en blanco o sin visita.
Dense ustedes tres golpecitos de pecho. Con la San Diego salió otra picarona de su casta, tan hechicera y condenada como ella. Llamábase la Ribero, y era una vieja más flaca que gallina de diezmo en moquillo.
-¡No me miente usté eso, hombre, que a mí con na se me arrebota el estómago! -exclamó interrumpiéndole bruscamente la Picarona. Y con tal acento de desprecio hubo de decir esto Pepa, que le chispearon de júbilo los ojos al Ecijano, que continuó con acento dulce y vibrante: -Pos bien, pus por mentao.
Y como en aquel momento alzara la vista la Picarona, entablaron, intensos e inmóviles, un ardiente diálogo de amor los ojos de ambos enamorados, que no pudieron darse cuenta de que en aquel momento desembocaba en la calle braceando gallardarnente el famoso Zargatona, el cual detúvose un instante, sorprendido e iracundo, al ver al también famosísimo Ecijano en la reja de la mujer querida, avanzó después decidido hacia ellos, y al llegar casi a su lado, vaciló un instante, dominó en él por fin la prudencia a la ira, y se alejó lentamente murmurando con voz sorda y balbuciente: -No, no tengo yo ganas de volver a jugar al tute en el Peñón de la Gomera.