piélago


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piélago

(Del lat. pelagus, y éste del gr. pelagos.)
1. s. m. culto Parte del mar que dista mucho de la tierra.
2. literario El mar en general y en toda su extensión.

piélago

 
m. Parte del mar muy distante de la tierra.
En lenguaje literario, mar.
fig.Lo que por su abundancia es difícil de contar.

piélago

('pjelaγo)
sustantivo masculino
1. zona del mar muy alejada de la tierra navegar los piélagos
2. gran cantidad o extensión de lo que se expresa La autopista era un piélago de autos varados.
Sinónimos

piélago

sustantivo masculino
mar*.
Piélago es forma literaria o poética.
Traducciones

piélago

deep, ocean

piélago

SM (liter)
1. (= océano) → ocean
2. (fig) un piélago de dificultadesa sea of difficulties
Ejemplos ?
La ciudad circunvalada del Norte al Este por una cintura de agua y barro, y al Sud por un piélago blanquecino en cuya superficie flotaban a la ventura algunos barquichuelos y negreaban las chimeneas y las copas de los árboles, echaba desde sus torres y barrancas atónitas miradas al horizonte como implorando la misericordia del Altísimo.
También dio a luz a los grandes Ourea, deliciosa morada de diosas, las Ninfas que habitan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar el grato comercio.
No que del alma la especial natura, dentro al divino piélago hundida, cese en el hacedor de ser hechura, o quede aniquilada y destrüida, cual gota de licor, que el rostro enciende, del altísimo mar toda absorbida, mas como el aire, en quien en luz se extiende el claro sol, que juntos aire y lumbre ser una misma cosa el ojo entiende.
Paréceme, Montano, que debría buscar lugar que al dulce pensamiento, encaminando a Dios, abra la vía, ado todo exterior derramamiento cese, y en su secreto el alma entrada comience a examinar, con modo atento, antes que del Señor fuese criada cómo no fue, ni pudo haber salido de aquella privación que llaman nada; ver aquel alto piélago de olvido, aquel sin hacer pie luengo vacío, tomado tan atrás del no haber sido, y diga a Dios: «¡Oh causa del ser mío, cuál me sacaste desa muerte escura, rica del don de vida y de albedrío!» Allí, gozosa en la mayor natura, déjese el alma andar süavemente con leda admiración de su ventura.
No os lamentéis, pues, sino de vuestros compatriotas que instigados por los furores de la discordia os han sumergido en ese piélago de calamidades, cuyo aspecto sólo hace estremecer a la naturaleza, y que sería tan horroroso como imposible pintaros.
A menudo que ella, se cuenta, con ardiente corazón enfurecida, clarísonas voces vertió desde lo más hondo de su pecho, 125 y que entonces triste ascendía a abruptos montes, de donde su mirada del piélago al vasto hervor tendiera; que, entonces, de la trémula sal corría hacia las contrarias ondas, sus blandos ropajes levantando de su desnudada corva, y que estas cosas en sus extremas quejas afligida decía, 130 frigidillos sollozos de su mojado rostro suscitando: “¿Cómo es que así a mí, de las patrias aras lejos, pérfido, llevada, pérfido, en un desierto litoral me dejaste, Teseo?
En cuanto a los genitales, desde el mismo instante en que los cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente en el tempestuoso ponto, fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo.
¿De mi esposo acaso fiel me consuele a mí propia con el amor, el cual, no acaso huye encorvando los flexibles remos en el abismo? Demás de esto, ningún techo honra esta solitaria isla, ni se ofrece una salida, del piélago ciñendo las ondas.
Como el piélago inmenso empieza a rizarse con sordo ruido y purpúrea, presagiando la rápida venida de los sonoros vientos, pero no mueve las olas hasta que Zeus envía un viento determinado; así el anciano hallábase perplejo entre encaminarse a la turba de los dánaos de ágiles corceles, o enderezar sus pasos hacia el Atrida Agamemnón, pastor de hombres.
¿Piensas acaso tú que fue criado el varón para el rayo de la guerra, para surcar el piélago salado, para medir el orbe de la tierra y el cerco por do el sol siempre camina?
Lo sabéis, señores: todas las verdades se tocan, desde las que formulan el rumbo de los mundos en el piélago del espacio; desde las que determinan las agencias maravillosas de que dependen el movimiento y la vida en el universo de la materia; desde las que resumen la estructura del animal, de la planta, de la masa inorgánica que pisamos; desde las que revelan los fenómenos íntimos del alma en el teatro misterioso de la conciencia, hasta las que expresan las acciones y reacciones de las fuerzas políticas; hasta las que sientan las bases inconmovibles de la moral; hasta las que determinan las condiciones precisas para el desenvolvimiento de los gérmenes industriales; hasta las que dirigen y fecundan las artes.
Los pueblos antiguos no vieron un espectáculo tan tierno como el que se ha presentado ante nosotros y cuando se creía apurado vuestro espíritu por el contraste a que la triste situación de la península lo había reducido, un heroico esfuerzo se propuso vengar tantas desgracias, enseñando al opresor de la Europa que el carácter americano opone a su ambición una barrera más fuerte que el inmenso piélago que ha contenido hasta ahora sus empresas.