petizo


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petizo, a

1. adj. Amér. Merid. Que es pequeño, bajo o de poca altura.
2. s. m. Amér. Merid. Caballo de poca alzada.
Sinónimos

petizo

, petiza
adjetivo
(Argentina) pequeño, chico, bajo.
Ejemplos ?
Al asado vacuno se suman los porcinos, caprinos y especialmente los de cordero patagónico (por ejemplo el tierno asado de corderito patagónico), los chiporros y los de carne de guanaco, choique (ñandú petizo patagónico) y ciervo muchas veces asados en chulengos (especie de parrillada-horno hecha con un barril de 200 L., que a veces posee una simple chimenea y todo esto, montado sobre un caballete para soportar el enfriamiento del fogón ante los constantes vientos), como platos refinados se consumen salmónidos (por ejemplo salmones ahumados que se pueden expender como fetas -lonchas finas- de fiambres) también truchas ahumadas en forma de fiambre, fuets, salames ahumados y fiambres ahumados de jabalí o de ciervo, también patés de estos mismos animales.
No se enojó; pero quiso dar una lección al petizo,-un animal de dieciséis años, ¡figúrese!- Lo llevó al palenque, y allí, lo ató, pero no del cabestro, sino de la cincha, «para que aprendás», le decía, y le pegó un buen rebencazo.
Al trote largo, de otro campo, se viene una manada, con su padrillo al frente, las orejas paradas y relinchando, pidiendo o exigiendo, -no se sabe-, su parte del festín. «Pues, señor, no faltaría más,» piensa el muchacho, y saltando en el petizo, les pega a los intrusos una corrida jefe.
El muchacho sigue yendo, viniendo, silencioso, en el petizo que hace fuerza; y monótono sigue el crujido del eje, seguido, al rato, por el estrepitoso derrame del agua en la represa.
Por cierto que sentaría mal el espadón de Quijote o la elegante capa del andaluz a su figura mal tallada de hombre petizo, enanchada por una capa tan tiesa que parece mojada, aplastada por un chambergo monumental, campechanamente puesto, y hecha más pesada aún por botas gruesas; pero hay, en su cara abierta y franca de gente buena, con sus patillas cortas y su gran boca mal afeitada, tan patente protesta de fidelidad y buena conducta, que se explica el afecto del gran caballero andante hacia Sancho Panza, lo mismo que se comprende de cuanta ayuda estética es, para el castellano majestuoso o el andaluz esbelto, el relieve que da al garbo de su persona, la macisa silueta sin gracia del sirviente gallego que lo acompaña.
Irritado el gaucho, después de insistir, él también, un momento, reculó, dándose cancha, y sacó el facón, amenazando a los milicos, insultándolos, tratándolos de cobardes y otras cosas, poniéndolos «como trapo de cocina,» decía doña Ciriaca, la mujer del pulpero, al contar el hecho, el día siguiente; hasta que, sin saber como, él ni nadie, se encontró frente a frente con un hombre de bigote, algo petizo, morrudo, de gorra de vasco blanca, el poncho de vicuña en el brazo, y bien enroscada en la mano, la lonja de un rebenque de cabo de fierro.
Apenas sí queda, para que el muchacho vaya a repuntar la majada, un pobre petizo viejo y bichoco que, desde muchos años, vivía jubilado.
Y el más petizo, como dicen los argentinos, el más pequeño, como decimos nosotros, de los Cerdera, fue más rápido en la obediencia.
El efecto fue inmediato: tiró el animal, y como el poste no podía ceder, se cortó la costura de la argolla y quedó colgando la cincha; el petizo pataleó un rato, y se desensilló solo, quedando ahí no más, muy tranquilo, pellizcando el pasto tierno...
Un compañero le compuso la cincha, y para no dar su brazo a torcer, quiso don Gustavo ensillar otra vez el petizo: pero éste empezó a cocear y a retorcerse por todos lados, sin que pudiera don Gustavo darse cuenta del por qué; hasta que uno le gritó que por el lado del lazo no se ensillaba un caballo.
Varias veces, habló de darme en propiedad unas cien cuadras de campo; pero pasó el tiempo; y después no se habrá acordado...» A los dos días, ensilló y puso en las varas de un carrito prestado el overo negro, caballo de confianza, viejo compañero de muchos años y, muy capaz de comprender todo lo serio de su misión; el picazo en la cadena y el petizo zaino de ladero.
Una vez, los que estaban trabajando en el corral, al ver volver, a toda disparada, el petizo ensillado, con un cinchón largo a la rastra, comprendieron que don Gustavo había querido hacer una gauchada, y venir con doble carga, pero a la cincha, en vez de traerse una brazada por delante, como se lo habían mandado.