pesebre

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pesebre

(Del lat. praesepe, establo.)
1. s. m. GANADERÍA Especie de cajón o artesa donde se echa de comer al ganado vacuno y las caballerías. dornajo
2. GANADERÍA Lugar donde comen los animales el pesebre estaba lleno de animales domésticos. establo
3. RELIGIÓN Representación del nacimiento de Jesucristo. belén
4. ASTRONOMÍA Notable cúmulo de estrellas situadas en la constelación del Cangrejo.

pesebre

 
m. Especie de cajón donde comen las bestias.
Lugar destinado para este fin.
Belén, nacimiento.

pesebre

(pe'seβɾe)
sustantivo masculino
1. especie de cajón donde se da de comer a los animales limpiar el pesebre
2. lugar donde se da de comer a los animales Lleva los puercos al pesebre.
3. religión representación del nacimiento de Cristo En la Plaza de San Pedro se arma todos los años un pesebre de tamaño natural.
Sinónimos

pesebre

sustantivo masculino
Traducciones

pesebre

Krippe

pesebre

crèche

pesebre

马槽

pesebre

馬槽

pesebre

Krybbe

pesebre

אבוס

pesebre

SM
1. (Agr) → manger
2. (Rel) → nativity scene, crib
Ejemplos ?
En la parte del establo están los pesebres que antiguamente se fabricaban con entretejido o encestado llamado sebe o xebe o sardu.
Encontró junto a los pesebres un toro, donde me encerró, y a él le echó las ligaduras a las patas y a los cascos, mientras respiraba ira y le goteaba el sudor del cuerpo, y clavaba en sus labios los dientes; yo estaba junto a él tranquilo y sentado mirando.
Y por esto era que al llegar a la estancia algún huésped, si bien admiraba sin reserva los inmensos galpones y pesebres edificados a todo costo para almacenar las riquezas agrícolas y abrigar los animales de precio, también extrañaba que viviera todavía la familia en tan miserables ranchos medio destruídos, con piso de tierra pisoneada y techo de paja rala y podrida.
Por los patios, barridos con esmero, por los galpones, edificados a todo costo, por los pesebres, poblados de animales más caros aún que finos, por el jardín y el parque, por la huerta de frutales y por el monte andaban, de un lado para otro, mensuales lentos y bien comidos, engrasando perezosamente huascas, unos; otros estaqueando, a tironcitos y a golpecitos, cueros vacunos; o llevando, con simulación de tremendos esfuerzos, una carretillada de pasto seco, o rasqueteando tan suavemente un caballo que no se sabía si era por miedo de lastimarlo o de cansarse, sin contar los que, entre las sombras del monte, echados sobre el pasto, no tenían más ocupación, para asentar el mate, que de comerse las mejores frutas, antes que, siquiera, estuviesen pintonas.
Y durante toda la noche, alrededor de los pesebres improvisados en el patio, hubo ruidos insólitos de mandíbulas quebrando maíz o mascando pasto, entreveradas con pateaduras y coces sonoras en las carretillas llenas de alfalfa, y también en los flancos vacíos de aquellos mancarrones que, siempre mantenidos a campo, ignorantes de las costumbres sociales, y demasiado tímidos para imponerse, trataban de acercarse al pesebre, sin haber sido presentados; festín precursor de grandes fatigas, pero festín, no más, y quedaban pocas migas, cuando apareció el farol vagabundo del mayordomo, empezando este, con voz imperiosa, a despertar a la gente.
Las viviendas para el personal, las cocinas, la lechería, los galpones, los pesebres y cocheras, todo rodeado de parques y montes, forman un conjunto importante que, agrandado aún por los reflejos del espejismo, llama la atención del viajero que pasa, allá, lejos, en el tren...
Diciembre, el alegre Rey de nacimientos, Habla de pesebres, bueyes y cayados (Los abuelos cuentan sus más lindos cuentos, Y llueve pan dulce, castañas y helados).
Tampoco fueron perezosos para levantarse al otro día, con la esperanza que les hizo concebir su deseo cada vez mayor de continuar libremente su viaje. Pero los caballos descansaban en los pesebres; el mayoral no comparecía.
¿Y qué de cuando los caballos del tracio vi, cebados de sangre humana, y llenos de cuerpos truncos sus pesebres vi 195 y vistos los derribé y a su dueño y ellos di muerte?
Cuán cansados aquellos mulos y otros jacones flacos; cerca de los pesebres, cabizbajos, royendo granzones de paja, los pescuezos desollados y llenos de llagas podridas, las narices abiertas, que de cansados no podían tomar huelgo; los pechos de muermo tosiendo y de los antepechos que les ponían para moler, todos pelados y llagados, que casi les parecían los huesos; las uñas de pies y manos alzadas hacia arriba de no errarse, y mancos de andar alrededor; todo el pellejo sarnoso de magrez y flaqueza.
Sus órdenes las diosas rápidas cumplen y, fuego vomitando y de jugo de ambrosia saciados, de sus pesebres altos 120 a los cuadrípedes sacan, y añaden sus sonantes frenos.
Los omes, que guardaren las bestias del devisero, o de los quo fueren con el, deven it a las casas de la behetria, e tomar las posadas, meter y tantas bestias, que non pierdan las bestias, nin los bueyes de los Ricos omes suos pesebres ...