perversidad


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perversidad

1. s. f. Condición de cualquier acción perversa, propia de quien hace el mal y goza con ello. malicia
2. Actitud pícara, traviesa o maliciosa. picardía

perversidad

 
f. Suma maldad.

perversidad

(peɾβeɾsi'ðað)
sustantivo femenino
maldad muy grande e intencionada un crimen de una perversidad aterradora
Traducciones

perversidad

depravity, perversity

perversidad

Perversität

perversidad

perversité

perversidad

SF
1. (= cualidad) [de depravado] → depravity; [de malvado] → wickedness
2. (= acto) → evil deed
Ejemplos ?
Usted ha destruido la desmedida ambición de poderío de quienes se sintieron eternamente indispensables, y ha desvanecido o reducido a sus normales proporciones, los impulsos mesiánicos, de quienes han pretendido presentarse ante el pueblo como salvadores de una situación cuyas contradicciones tienen su raíz en el pasado; porque con perversidad y mala fe, confundieron los efectos con las causas, los síntomas con la enfermedad, y para decirlo de manera inequívoca y directa, porque confundieron el bienestar personal y el provecho propio con la felicidad del pueblo.
Algunas de vosotras tienen lazos con nosotros, lo sé, que tal vez os enorgullecen, y de los cuales esperáis indulgencia; sería un gran error que confiarais en ellos: ningún lazo es sagrado a los ojos de gente como nosotros, y cuanto más sagrado os parezcan, más excitará la perversidad de nuestras almas el romperlos.
—Casi siempre, pero a menudo también lo he hecho sólo por esta perversidad que casi siempre despierta en mí a los órganos de la lubricidad; haciendo el mal tengo erecciones, encuentro en el mal un atractivo lo bastante excitante como para despertar en mí todas las sensaciones del placer, y a él me entrego por él mismo, sin otro interés ajeno.
Lo observo muy bien, Sócrates. ¿Y que si se propusiera la concesión de un premio a la perversidad habría muy pocos que pudieran aspirar a él?
La Vía del Samurai El Señor Sanenori decía: "En el seno de un espíritu en donde la perversidad no encuentra su lugar, está la vía".
Y tal es la perversidad humana y tanto deslumbran las grandezas de la tierra, que Miguel Paleólogo tuvo que reprocharse el criminal pensamiento de pesarle que allá en el pueblo quedasen una esposa y varios hijos, como otros tantos eslabones de una cadena y ser un hombre en aquel Madrid, como Merengueda y Blindado lo eran seguramente.
Deseo expresar, finalmente, que en el puesto para el que fui electo por mis conciudadanos, sabré estar a la altura de mi responsabilidad y que si he cometido errores, éstos pueden ser el resultado de distintas causas, pero nunca el producto de la perversidad o de la mala fe.
¡Por Júpiter! ¿No se dice que tal alma tiene inteligencia y virtud y que es buena, y que tal otra tiene demencia o perversidad, que es mala?
La llegada de Gutenberg a su era agilizó escrituras en los distintos individuos que se habían liberado de la horma feudal-medieval y pudieron con su libertad interior proponer sus observaciones innovantes a lo ya discutido, a veces superado, a veces olvidado; a ratos confundido. El libro redujo la difusión milenaria y la volvió centenaria ante el escándalo de los que presagiaban su perversidad.
Quienes son deliberada perversidad reclamen sus derechos para violar los derechos de los demás, invoquen la Constitución para pisotear la Constitución, pretendan ampararse en la libertad para acabar con todas las libertades, sepan que conocemos muy bien estas dos insoslayables e indivisibles obligaciones del gobernar, que se apoyan y complementan entre sí; impedir que, a nombre de la libertad trate de acabarse con el orden y evitar que, en nombre del orden, trate de acabarse con la libertad o menoscabar los derechos de los ciudadanos.
Los legisladores de nuestros tiempos, confesándose partidarios y amantes de los mismos principios de derecho, no pueden verse libres, aun queriéndolo con todas sus fuerzas, de la mencionada perversidad de los hombres; hay, por tanto, que ceder a los tiempos y conceder la facultad de divorcio.
Excuso añadir que todos nos picamos de amor propio, dado que la materia era de aquéllas en que nadie quiere quedarse atrás y en que las leyes de la mera honradez y delicadeza llevan el sello del ridículo. Tocó después el turno a otra jactancia de perversidad más de moda: la del crimen...