pequeñuelo

pequeñuelo -la

 
adj.-s. Dim. de pequeño.
Ejemplos ?
Un día el niño amaneció enfermo: su cuerpecito ardía como un ascua de fuego, y lloraba pidiendo agua con insistencia que partía el alma. Tres días después, a pesar de los medicamentos que le recetara una famosa médica, el pequeñuelo falleció.
Soy yo, Felicio, tu pequeñuelo, tu favorito, a quien solías regalar estatuillas, Se trataba de pequeñas estatuillas de terracota o de cerámica denominadas en latín "sigillaria" que se acostumbraba ofrecer en tanto que presentes durante las celebraciones de las, que tenían lugar en general a partir del 17 de diciembre.
Cual pequeñuelo en encantada cuna, dormí en la peña al son de la onda brava, olvidado del tiempo y la fortuna; y he despertado ahora, al dibujarse la creciente luna.
ada vez que muere un niño bueno, baja del cielo un ángel de Dios Nuestro Señor, toma en brazos el cuerpecito muerto y, extendiendo sus grandes alas blancas, emprende el vuelo por encima de todos los lugares que el pequeñuelo amó, recogiendo a la vez un ramo de flores para ofrecerlas a Dios, con objeto de que luzcan allá arriba más hermosas aún que en el suelo.
Según cuenta la leyenda, hace pocos años la tierra se hundía allí constantemente, y en una ocasión un inocente niño cayó con sus flores y juguetes en la abierta tumba, que se cerró mientras el pequeñuelo jugaba y comía.
Llévatelo; junto a Dios florecerá. Y el ángel lo cogió, dando un beso al niño por sus palabras; y el pequeñuelo entreabrió los ojos.
Lo maravilloso de aquel extraño juego en que intervenían miles de niños (un historiador habla de millones), fue que el pequeñuelo, hijo de la bella señora, usando del poder sobrenatural que sin duda poseía, hizo una transformación total de los juguetes, cambiando las cabezas de todos ellos, sin que nadie lo notase; de modo que los caudillos resultaron con cabeza de pastores, y los religiosos con cabeza militar.
Se me acaba de ocurrir este pensamiento, y quiero creer en él. Haré un agujero en el chelín, le pasaré un cordón y lo colgaré del cuello del pequeñuelo de la vecina como moneda de la suerte».
Ahora sólo nos resta consignar que el pequeñuelo interlocutor, al dirigir tan graves cargos a su madre y a su hermana, llegaba al portal, vestido con levita, pantalón y chaleco de mahón gris; agarrotado su cuello entre los revueltos y atropellados pliegues de una enorme corbata de percal con grandes cuadros rojos; medio oculta su diminuta e inteligente cabeza bajo las anchas alas de un sombrero de paja con cinta verde, y calzado, por último, con gruesos zapatos de Novales.
No bien los tules aquellos se descorrieron, y el rayo amortiguado de un sol anémico despuntó por detrás de la torre, se abrieron los balcones de la casa de Don Juan y misiá Nicolasa salió a tender en la baranda los pañales del pequeñuelo; y detrás de ella, otras madres, que, a falta de balcones, extendieron los trapajos en taburetes, frente a las puertas de sus respectivas casas.
Sobre un bofetón ¡caben tantos otros! ¡Y las costillas de un pequeñuelo reciben tan perfectamente la punta de la bota de un hombre!
Por la leche y la adopción, por una pulserilla de hierro que acababa de ceñirle al puño, el pequeñuelo aristócrata, de dorada y fina piel, estaba bajo la protección de la diosa tutelar de la tribu vencida -la gran Tari Loha, la sanguinaria-.