pequeñuelo

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pequeñuelo -la

 
adj.-s. Dim. de pequeño.
Ejemplos ?
De tal modo la amante golondrina siempre tu corazón al bien inclina; y, con esas dulcísimas tareas, te anuncia otros deberes y otros goces que, hoy pobre pequeñuela, no conoces ni puedes comprender aunque los veas.
«¿Puedo seros útil en algo?-dijo-. La pequeñuela me ha traído aquí, pero soy extranjero. ¿No conocéis algún vecino, alguna persona, a la que pueda llamar en vuestra ayuda?» Y como viese que la cabeza de la enferma se había deslizado por la almohada, la levantó para arreglarla.
La pequeñuela, acostumbrada a tanto afecto, no encontró en los parientes tan deseados, tan ricos, aquel ambiente, aquellas palabras, aquellas miradas, aquellas maneras que todo el mundo, incluso los extraños y los conductores de las diligencias, habían tenido para ella.
Pues el más sabio de los legisladores mandó poner la estatua de la risa en la sala de los festines. Luego esta diosa pequeñuela no está reñida con las grandes virtudes ni es malquista con los héroes.
Aquellos espíritus estrechos, que además hallaban un placer en importunar a la infeliz pequeñuela, pasaron insensiblemente de la dulzura a la más extremada severidad.
Y ahora se encontraba ésta con que tenía que criar a la pequeñuela, a la hija de la muerte, y que forzosamente había de dársela a una madre de alquiler, buscándole un pecho mercenario.
Miró en seguida atrás para calcular el camino recorrido, y a la vista de las rompientes, que la luz del día mostraba en toda su magnificencia, le produjo un vago temor y remordimiento: Comprendía, calmada ya la excitación del combate, que fue demasiada temeridad la suya al exponer su vida y la de la pequeñuela, desafiando en sus mismas fauces aquel abismo rugiente.
Y eran por el mayor, el primogénito, Ramirín, al que engendró su padre cuando aún tuviera reciente en el corazón el cardenal del golpe que le produjo el haber tenido que escoger entre las dos hermanas, o mejor el haber tenido que aceptar de mandato de Gertrudis a Rosa, y por la pequeñuela, por Manolita, pálido y frágil botoncito de rosa que hacía temer lo hiciese ajarse un frío o un ardor tempranos.