pepe

pepe

1. s. m. Pepino, melón de mala calidad o poco maduro.
2. Bol., Venez. Petimetre, lechuguino, persona que se preocupa mucho de su aspecto exterior y de seguir la moda.
3. como un pepe loc. adv. coloquial Expresa el deseo y la voluntad de realizar algo sin excusa aquí estaré como un pepe.
4. ponerse una persona como un pepe loc. adv. coloquial Comer hasta hartarse me he puesto como un pepe de paella.

pepe

 
m. vulg.Melón malo, como pepino.
Traducciones

Pepe

SM (forma familiar) de José ponerse como un Pepeto have a great time

pepe

SM
1. (Andes, Caribe) (= petimetre) → dandy
2. (CAm) (= biberón) → feeding bottle

pepe

m (El Salv, Guat; chupete) pacifier
Ejemplos ?
-Esa es la verdá que no es más que una, pero la Niña, que no se muerde la lengua cuando no es debío, pues no se la ha mordío, y le dijo al tío Pepe: -Mire usté, padre, no quieo yo que usté se tire por el Tajo de los Azules, y si a su mercé le tiran mas estos manchones y estos pencares que mi feliciá, yo transijo, yo me casaré con Joseito el Zamora.
-Pero qué está usté diciendo, comadre; si el Pepe y el Toñuelo estaban cuasi injertaos por la voluntá que se tenían, si cuando dambos tenían tos bastaba con que uno cualisquiera de ellos tomara el jarabe y sudara el costipao.
Chavó, ¿es que vas a avisarle al cura? Y al preguntarle esto, detenía por un brazo el tío Cáncamo a Pepe el Perejilero. -Déjeme usté, agüelito -repúsole éste con acento desabrido-; déjeme usté, que voy buscando a uno que me empreste una miajita de cutis y otra miajita de vergüenza.
Con razón sintióse satisfecho el señor Paco al ver honrada su casa por aquellas tres altas personalidades, la flor y nata de los hombres jacarandosos y macarenos entre los cuales figuraba como glorioso abanderado el señor Pepe el Castizo, hombre de más de cincuenta años, de pelo gris, de facciones enérgicas, de cuerpo aún lleno de vigor y elasticidades y hombre que, no obstante los deterioros inevitables de sus cinco décadas, aún no dejaba de meter los cimbeles, a veces todavía con no adversa fortuna, cuando alguna hembra hacía llamear los rescoldos en su corazón apasionado.
Y cumplido este deber, dedicose la pobre vieja de lleno a atender a Rosalía, a la que había procurado tranquilizar diciéndole una y otra vez: -Yo te juro por toítos nuestros difuntos que es verdá lo que te platico, que tu Pepe no tiée naíta, pero que naíta de importancia.
De esos alaridos uno solo guardaba el fiel oído: -“¡Mueran los salvajes unitarios!”… Ignorando entonces el pasado de mi pueblo, no sospeché yo tampoco el origen de ese odio volcándose en la efigie. Sólo atiné a preguntar: “¿Qué edad tendría entonces, tío Pepe?
Ni siquiera dónde dormir, pues la nueva casa no estaba terminada y antes de que fuera posible irme a la de Pepe, mi hijo, acepté el techo amigo de Carlos Hank que, a partir de ese momento, extremó el trato amistoso, afectuoso, considerado y leal.
-Sí que me sentaré, hombre, sí que me sentaré, a ver si se me refresca la sangre -exclamó Pepe uniendo la acción a la palabra, mientras el viejo sentábase también sobre el escalón, colocando las rodillas casi a la altura de la encorvada nariz.
uy buenas noches a todos y a todas, querido “Pepe”, primero, dónde te vas a sentar “Pepe”, acá al lado mío, cómo usted diga Presidente, querido “Pepe” gracias una vez más por recibirnos en esta Montevideo maravillosa; querida Dilma, querido Hugo; querido Fernando, querido Rafael, todavía me acuerdo de aquellas conversaciones de cuando estabas en el hospital atendiéndote de tu problema en la pierna y charlábamos: la verdad que hace exactamente cuatro años y unos días, creo que hace exactamente cuatro años me sentaba en este mismo lugar para asumir por primera vez como Presidenta recién electa, en la Argentina, la presidencia del MERCOSUR, por primera vez.
Asín es que como el colmenero que yo igo está una miajita asoliviantao con el zagal de ostés, y ella está pa él más dura que una jerriza, pos lo que yo me dije esta mañana, que me dije: «Oye tú, señó Pepe Villarrubia...
-preguntó el señor Paco el Berrinche a Perico el As de bastos, mozo del establecimiento. -Pos los que están allí son el Oblea, el Temblores y el señor Pepe el Castizo.
-Por qué querría usté que fuera; porque al llegar se encontró con que por estar mu ocupaos y ocupáas no fueron a recibirla los del cuerpo de alabarderos ni las señoras de las cofradías, y..., naturalmente, la pobretica se ofendió y le gorvió la caera a la tierra de las purmonías furminantes y se vino otra vez a la de los boquerones algunas veces baratos. -Pero ¿eso qué tiée que ver con el derrote de Pepe al Toñuelo?