pensador


También se encuentra en: Sinónimos.

pensador, a

1. adj. Que piensa, medita o reflexiona con intensidad y eficacia detrás de todo filósofo hay un hombre pensador. pensante
2. s. Persona que realiza estudios muy elevados y profundiza en ellos.

pensador, -ra

 
adj. Que piensa; que lo hace con intensidad y eficacia.
m. Persona dedicada a estudios muy elevados.

pensador, -ra

(pensa'ðoɾ, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
persona reflexiva Einstein fue un gran pensador de la física.
Sinónimos

pensador

, pensadora
Traducciones

pensador

penseur

pensador

thinker

pensador

Denker

pensador

denker

pensador

المفكر

pensador

思想家

pensador

思想家

pensador

tænker

pensador

思想家

pensador

사상가

pensador

tänkare

pensador

SM/Fthinker
Ejemplos ?
l hablaros, frente a la vieja, de una nueva política, no aspiro, por consiguiente, a inventar ningún nuevo mundo. Acercándose a la política es cuestión de honradez para el ideólogo torcer el cuello a sus pretensiones de pensador original.
Pintaremos antes de la Palabra de Dios, antes del Cristianismo: lo reproduciremos porque no se tiene la visión del Libro del Consejo, la visión del alba de la llegada de ultramar, de nuestra sombra, la visión del alba de la vida, como se dice. Este libro es el primer libro, pintado antaño, pero su faz está oculta al que ve, al pensador.
De la misma suerte que, como ya decía el antiquísimo pensador de Jonia, no podemos bañarnos dos veces en el mismo río, porque éste es algo fluyente y variable de momento o momento, así cada nuevo lustro, al llegar, encuentra la sensibilidad del pueblo, de la nación, un poco variada.
Entre tener un ejército de pobres, como la inclusión que postula Rodríguez Saa, y empezar a elaborar a partir de ahí la dignificación del artesano, del pensador; es decir del que crea.
El poder constituyente de Toni Negri, filósofo italiano, revolucionario y pensador sobre lo que es el poder constituyente, su naturaleza, sus contradicciones, su potencia.
Ante ello, y heredado acaso de la angustia educativa de, nuestro famoso Pensador Mexicano, a quien le preocupaba el destino de un pueblo que pronto iba a ser libre, y que rugía de impuesta ignorancia, no podemos seguir entendiendo la educación como simples buenas costumbres nada más y menos como hábitos refinados y otras modosidades ni como formación erudita en los esquemas inútiles de una aparente información tan desarticulada, aunque se hable de articulación, que semeja ocurrencias falsamente funcionales de prácticas falsarias, pues algunas de las propuestas nunca las harán los educandos en la vida real.
A partir de las ocurrencias o creencias de algún pensador en particular, en la admirable búsqueda del saber y explorar el interno y el entorno, se fueron formulando hipótesis, teorías, sistemas conceptuales que pretendían encontrar la verdad total.
Todo se debe a que hasta ahora no ha habido una verdadera educación para los mexicanos basada en principio neohumanísticos y con maestros cultivados en ello, lo cual es de lamentar, ya que nuestro pasado histórico nos da muestras de nuestra autenticidad pedagógica: el Calpulli, el Cuicacalli, el Tepochcalli, el Calmécac, como instituciones educativas de nuestro mundo náhuatl; las referencias de Sahagún, Las Casas, Motolinía; o la presencia de la primera universidad de América en activo; los magisterios vitales de Hidalgo, Morelos, El Pensador Mexicano...
Y los programas se han de diseñar a partir del establecimiento de problemas humanísticos acordes con la edad de los estudiantes en pos de desencadenar los propósitos de aprendizaje que los alumnos deben lograr para resolver el problema humanístico inicial a través de sugerencias metodológicas, donde la participación creativa de los alumnos sea de primer rango para convertirlo en un pequeño científico, técnico, artista, pensador, dirigente, sumergido en un proyecto educador.
«¡Cuánto padecería aquel pobre Leal, que, más pensador que literato, sincero, artista de austera religiosidad estética, ignoraba las miserias y pequeñeces de los escenarios, las luchas de empresa, las cábalas de camarillas y cenáculos!».
Desea usted que el cristianismo impere por la paz, y como usted no es un filántropo rutinario de los que tanto abundan, sino un verdadero pensador, habla a seguida de despaganizar a Europa, porque sabe que la guerra tiene su raíz en el paganismo.
A pesar de su desdén de pensador por los objetos puramente materiales, sentía en aquel punto, el espíritu del conde cómo se pegan a nosotros las cosas entre las cuales vivimos, y cómo forman parte de nuestra sustancia moral, y cómo su existencia es la nuestra misma...