peniques


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Traducciones

peniques

pence
Ejemplos ?
Lo dije que la mía, que estaba allí, en aquella misma calle, y que deseaba que por seis peniques me la llevaran a la diligencia de Dover.
Le pregunté cuál podía ser el coste de los servicios de aquella muchacha. Mistress Crupp suponía que dieciocho peniques no me arruinarían.
Al contrario, subió de 47 chelines y 8 peniques por quarter...
-No puedo comprar y vender al mismo tiempo -dijo míster Dollby-; póngale usted precio. -Dieciocho peniques -insinué, después de muchas cavilaciones.
Las comisiones que dan dos chelines y nueve peniques en cuatro días no pueden, por modesta que sea nuestra ambición, ser consideradas como un buen negocio.
La República de Chile destina a la cancelación definitiva de los créditos reconocidos por Bolivia, por indemnizaciones en favor de las Compañías mineras de Huanchaca, Oruro y Corocoro, y por el saldo del empréstito levantado en Chile en el año 1867, la suma de cuatro millones quinientos mil pesos, oro de diez y ocho peniques...
Míster Dollby lo dobló de nuevo y me lo devolvió. -Sería robar a mi familia -me dijo- el ofrecer nueve peniques por él. Esto era mirar el asunto desde un punto de vista desagradable, pues suponía en mí, que era un extraño, la antipática pretensión de querer que míster Dollby robara a su familia en provecho mío.
Hace muchos, muchos años -no sé a punto fijo cuántos, pero exceden de siglo y medio-, que vivía en esta ciudad de los Reyes del Perú un señorón de grandes campanillas que se llamaba don Luis de Santa Cruz y Gallardo, el cual tenía por título el de conde de San Juan de Lurigancho, y por empleo el de tesorero, por juro de heredad, de la Real Casa de Moneda, por el cual había uno de sus ascendientes desembolsado treinta mil pesos gordos de a cincuenta y dos peniques cada uno...
No recordaba haberlo comprado nunca. -Es raro -dijo- a causa de los derechos. Tres peniques. Es la tarifa en esta región. Y no creo que lo tenga nadie, excepto el camarero.
También gasté otros seis peniques en mi almuerzo, que consistió en una empanada de came y un trago de agua en una bomba de la vecindad, y pasé la hora que dejaban libre para las comidas paseando por las calles.
-Vaya por los seis peniques -dijo el muchacho. Y subiendo al instante en su carrito, que se componía de tres tablas puestas sobre las ruedas, partió tan diligente en la dirección indicada, que me costaba trabajo seguir el paso de su burro.
Supongamos que una hora media de trabajo se materialice en un valor de seis peniques, o doce horas medias de trabajo en un valor de seis chelines.