pendenciero


También se encuentra en: Sinónimos.

pendenciero, a

adj./ s. Que es aficionado a las discusiones, peleas o riñas un grupo de pendencieros armaron la bronca en el barrio. camorrista

pendenciero, -ra

 
adj. Propenso a riñas o pendencias.
Traducciones
Ejemplos ?
Aunque oriundo de Oñate, en Guipúzcoa, y de noble familia, que lucía por mote en su escudo de armas esta leyenda:— Piérdale todor sálvese la /lowm,— había pasado gran parte de su juventud en Andalucía, donde su destreza en domar caballos, y su carác- ter pendenciero y emprendedor le habían conquistado poco envidiable fama.
Fincaba el tal su vanidad en ser el hombre más terne que desde los tiempos del Cid produjeran las Españas, y raro era el día en que por si fueron tejas o tejos no anduviese al morro con el prójimo y repartiendo trancazos y mojicones. Perseguido una vez por pendenciero, escapó de caer en manos de alguaciles, tomando asilo en los claustros de San Agustín.
Aquel muchacho cuya edad fluctuaba entre los dieciocho y diecinueve años era conocido con el singular apodo de Viento Negro. Pendenciero y fanfarrón, de fuertes y recios miembros, abusaba de su vigor físico con los compañeros generalmente más débiles que él, por lo cual era muy poco estimado entre ellos.
Así se explica que cinco años después de descubierto el rico mineral, excediese su población de veinte mil almas. «Pueblo minero -dice el refrán-, pueblo vicioso y pendenciero».
Mientras tuvo un Meccnas poderoso, por no agraviar a este, era recibido en ja buena sociedad de Lima, y se disimulaban lo pendenciero desu caracter y sus escandalosas aventuras de galan y jugador.
Y el estudiante prosiguió: -Perdóneme usted, tío Cándido, el enorme perjuicio que sin querer le causo. Yo era un estudiante pendenciero, jugador, aficionado a mujeres y muy desaplicado.
De un montecillo estraviado Sobre la empinada loma, Como escondida atalaya Puesto entre Francia y Borgoña Hubo segun un cronista Allá en edades remotas Un castillo inhabitado De manos Francesas obra. Pertenecia en los tiempos A que alcanza nuestra historia, A un segundon pendenciero De familia poderosa.
la niña María Pelliza -Era este un militar -contábanos una noche, rodeada de siete niñas, mamá Teresa, antigua nodriza de la familia, negra cordobesa ladina y sentenciosa, que había manejado los pañales de tres generaciones-, era un militar jaranista y pendenciero.
Allí, en tropel confuso, los histriones con la careta cómica, ora al viejo lascivo remedaban o a la esclava astuta y corruptora, al pendenciero legionario, a la impura cortesana de los suburbios, al villano ebrio y al codicioso mercader, que pueblan las fábulas de Plauto y de Terencio.
A Italia va, país de los placeres, Encantado vergel rico de flores, Vivienda de hermosísimas mujeres, Patria feraz del genio y los amores. A Italia va don Juan, ¿adónde iría El osado y amante pendenciero?
Y era, que, también por primera vez, él, jugador, pendenciero, mal esposo y calavera insigne, se había apartado de la probidad y del honor.
Por eso, si en órgia inmunda El disoluto mancebo Dice: «En el licor que bebo, Ahogo cuanto creí»; Por eso, si en sus placeres Dice el insensato amante: «Yo no creo en este instante, ¡Vida mía!, más que en ti»; Por eso, si ante su oro El jugador avariento Dice con seguro acento: «Creo en el oro y no más»; Por eso, si el pendenciero Que el triunfo lidiando alcanza Dice altivo a su venganza: «Honra, satisfecha estás», En la sombra de la noche, Con su corazón a solas, Luchan con las turbias olas De la duda y el temor: El uno por sus festines, El otro por su dinero; Por su honor el pendenciero, Y el amante por su amor.