penacho


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penacho

(Del ital. pennacchio.)
1. s. m. ZOOLOGÍA Grupo de plumas que tienen algunas aves en la parte superior de la cabeza la cacatúa tiene un penacho vistoso.
2. INDUMENTARIA Y MODA Adorno de plumas que se pone en la cabeza de animales o personas o en los tocados y sombreros el sombrero de los guardias reales tenía un vistoso penacho.
3. Lo que tiene una forma parecida a la de este grupo de plumas.
4. Actitud del que está convencido de su valía o belleza y presume de ella. orgullo, presunción
5. ECOLOGÍA, INDUSTRIA Masa de aire sobresaturado de vapor de agua, que suele contener contaminantes, vertida a la atmósfera por una chimenea.

penacho

 
m. Adorno de plumas que sobresale en los cascos o morriones, en las caballerías engalanadas, etc.
fig.Lo que tiene forma de tal.
Vanidad, presunción, soberbia.

penacho

(pe'naʧo)
sustantivo masculino
1. conjunto de plumas levantado de la parte superior de la cabeza de algunas aves el penacho del pájaro carpintero
2. mechón de pelo que sobresale de la cabeza u orejas de ciertos animales Ciertas razas de perros tienen penachos en las orejas.
3. mechón de plumas usado de adorno en cascos, morriones o tocados El yelmo de la armadura tiene un penacho rojo.
Sinónimos

penacho

sustantivo masculino
Traducciones

penacho

Plume

penacho

panache

penacho

шлейфа

penacho

pluim

penacho

Pióropusz

penacho

プルーム

penacho

SM
1. (Orn) → tuft, crest
2. [de casco, sombrero] → plume
3. (= orgullo) → pride, arrogance
4. [de humo] → plume
Ejemplos ?
Los valencianos agolpábanse en torno de la casa, contemplando de día el negro penacho de humo y por la noche el resplandor rojizo que arrojaba la chimenea.
El transatlántico había doblado el codo de las boyas, su penacho de humo se inmovilizaba en el espacio, y una tristeza tremenda le aplanaba sobre el sillón, mientras que el árabe, con una naturalidad terrorífica, proseguía: -Y usted quiere morir porque la ama y la odia.
Vestía uniforme bordado en oro, de cuello alto, y pantalón de gamuza y llevaba la espada al costado. El penacho del tricornio indicaba que poseía el rango de consejero de Estado.
Las plantas trepadoras subían encaramándose por los añosos troncos de los árboles; y las sombrías calles de álamos, cuyas copas se tocaban y se confundían entre sí, se habían cubierto de césped; los cardos silvestres y las ortigas brotaban en medio de los enarenados caminos, y en los trozos de fábrica, próxima a desplomarse, el jaramago, flotando al viento como el penacho de una cimera, y las campanillas blancas y azules, balanceándose como en un columpio sobre sus largos y flexibles tallos, pregonaban la victoria de la destrucción y la ruina.
Recordaba muy bien que llevaba tricornio con penacho y uniforme bordado en oro, pero no se había fijado en el capote, ni en el color del carruaje, ni en los caballos y ni siquiera en si llevaba lacayo detrás y cómo era su librea.
Y una caperuza con muchas almenas; pondré por penacho las dos plumas negras del rabo del gallo que acullá en la huerta anaranjeamos las Carnestolendas.
Todos habían visto flotar el negro penacho de su cimera en los combates que un tiempo trabaran contra su señor; todos lo habían visto agitarse al soplo de la brisa del crepúsculo, a par de la hiedra del calcinado pilar en que quedaron colgadas a la muerte de su dueño.
Pero de las negras trenzas, noche que envidiaba el día, entre el penacho mezcladas en confusión peregrina, a la discreción del viento que mansamente respira, volaban trenzas y plumas, que unas peina y otras riza.
La lluvia azota el penacho de las palmas, y confundiéndose con los sordos mugidos de la tormenta, el prolongado lamento del vendaval y el temeroso murmullo de las hojas del bosque, se escucha por intervalos un rugido lejano, ronco y estridente, que parece formarse en la cavidad de un pecho en bronce.
Así que se autogeneró un cuate (coatl: culebra) dotado de la suprema inteligencia para organizar lo que se estaba creando; un gemelo irradiante, un coatli precioso que con sus rayos de energía cósmica, forjara el penacho de la creación.
Aquella encarnación de la energía en forma de mujer lucía en su cabeza un hermoso penacho de plumas verdes y azules; unos aretes de turquesas brillantísimas pendían de sus orejas y un collar luminoso de pedrerías preciosas colgaba de su cuello y se extendía por su pecho como un radiante escudo (chimalli) .
En aquella época rindió culto a María Estuardo y veneración entusiasta a las mujeres ilustres o desgraciadas: Juana de Arco, Eloísa, Inés Sorel, la bella Ferronniere, y Clemencia Isaura para ella se destacaban como cometas sobre la tenebrosa inmensidad de la historia, donde surgían de nuevo por todas partes, pero más difuminados y sin ninguna relación entre sí, San Luis con su encina, Bayardo moribundo, algunas ferocidades de Luis XI, un poco de San Bartolomé, el penacho del Bearnés, y siempre el recuerdo de los platos pintados donde se ensalzaba a Luis XIV21.