Ejemplos ?
Exasperado el primero, agarró del pelo al segundo; cogiole éste una oreja entro los dientes, y escupió un pedacito ensangrentado, con un soberbio reniego dialectal.
Lo ocurrido durante la mañana en la casa del Astrólogo le parecía algo remoto, sólo algún pedacito de árbol y de cielo cruzaba a momentos su recuerdo, y el deslizamiento de las imágenes truncas le dejaba apoyada en la conciencia un placer lento e injustificado.
A la izquierda se lee en un tablero, sobre una mala barraca, el siguiente primor: Buffetas de la Jara, y a la derecha, junto al tejadillo de otra pobre choza, este pedacito de sal: Chofe de la Jara .
Al requerimiento que le hizo para que explicase su acción, contestó Rosalía en tono quejoso y enfurruñado: -¡Tanta bulla, padrino, porque corté el pedacito que sobraba!
Creí que no echarían de menos y… Miguel no pudo contenerse y empezó a reír a carcajadas. Cuando se calmó volvió a preguntar: -¿Y de qué largo crees que es ese pedacito, dilo?
Ahí estaba el pedacito de cordel por ella tan codiciado y que según los cálculos de Miguel, basándose en lo que había oído decir hacía poco a los tripulantes de las balleneras, debía tener más de trescientos metros de longitud.
En éstas y las otras llegó el fin de mes, y dijeron los empleados: «¡A cobrar la paguita tocan!» Pico largo, como cada hijo de vecino que comía del presupuesto nacional, digo del sudor de los habitantes de aquel pedacito de la nación, tomó también el tole hacia la tesorería a cobrar su oncita de oro.
Yo renegaba, maldecía mi suerte...me costó una enfermedad física la idea de que al regresar a mi patria encontraría únicamente un pedacito de tierra, que cubría aquel cuerpo santo.
Con ella está siempre mi querida y vieja Peggotty, que también lleva gafas; y por la noche se pone al lado de la lámpara, con la aguja en la mano, y no coge nunca la labor sin poner encima de la mesa su pedacito de cera, su metro dentro de la casita y su caja de labor, cuya tapa tiene pintada la catedral de Saint Paul.
Alicia se quedó un rato contemplando pensativa la seta, en un intento de descubrir cuáles serían sus dos lados, y, como era perfectamente redonda, el problema no resultaba nada fácil. Así pues, extendió los brazos todo lo que pudo alrededor de la seta y arrancó con cada mano un pedacito.
Peggotty las ayudaba; tenía delante de sí su vieja caja de labor, con su metro y el pedacito de cera, que había atravesado sano y salvo tantas vicisitudes.
Más tarde, enfrente de Assmanshausen, a la orilla de nuestro padre Rhin, en el canal Smith, (tierra del Fuego), en el Tirol, en la cordillera Cantábrica de España, enfrente de las Cataratas del Niágara, en los Alpes de Suiza y aquí en México, en un pedacito de tierra que ha bautizado el ilustre General Treviño con el nombre de Rincón de María, me sobrevino el mismo fenómeno pero sin que lo provocara: sólo por la meditación.