Ejemplos ?
¿Por qué misteriosos conductos se esparció la noticia del caso? Don Cipriano no lo dijo ni a su hija, y Carmelo..., ni se lo dijera al confesor, así fuese pecado mortal.
Mucho deben temer los malos, en lo que olvidan, la memoria del grande Dios: ella en el castigo de los delincuentes sirve de fiscal para las circunstancias del pecado, No basta que muera César, sino que caiga muerto a los pies de la estatua de Pompeyo, a quien dio muerte.
(Señor, tú que sufriste y penaste por nosotros, ayúdame, No permitas que del horrible y asqueroso pecado que anoche cometí, vaya a nacer un niño.
Es una ciencia que tienen por golosina los cobardes, sin otro fundamento que el crédito de los supersticiosos. Es de la naturaleza del pecado, que todos dicen que es malo y le cometen todos.
Desconocer que cada cosa tiene su propia condición y no la que nosotros queremos exigirle es, a mi juicio, el verdadero pecado capital, que yo llamo pecado cordial, por tomar su oriundez de la falta de amor.
Viendo juntos a los dos prisioneros, lamenté más que nunca no poder gustar del bello pecado, regalo de los dioses y tentación de los poetas.
A fe, más quiero arrancar terrones. Había un chiquillo de siete años que era el pecado. Estando yo dormida me metió un palo de punta por este ojo y me lo echó fuera...
Porción de viejos achacosos cayeron en consunción por falta de nutritivo caldo; pero lo más notable que sucedió fue el fallecimiento casi repentino de unos cuantos gringos herejes que cometieron el desacato de darse un hartazgo de chorizos de Extremadura, jamón y bacalao y se fueron al otro mundo a pagar el pecado cometido por tan abominable promiscuación.
Y viniendo él con la cruz y agua bendita, después de haber sobre él cantado, el señor mi amo, puestas las manos al cielo y los ojos que casi nada se le parecía sino un poco de blanco, comienza una oración no menos larga que devota, con la cual hizo llorar a toda la gente como suelen hazer en los sermones de Pasión, de predicador y auditorio devoto, suplicando a Nuestro Señor, pues no quería la muerte del pecador, sino su vida y arrepentimiento, que aquel encaminado por el demonio y persuadido de la muerte y pecado, le quisiese perdonar y dar vida y salud, para que se arrepintiese y confesase sus pecados.
Nada se ha de mostrar menos que lo que se desea más. La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política.
Egregia me parece esta sentencia de Epicuro, pues, quien ignora que haya pecado, no quiere ser corregido; has de encontrarte culpable, antes de corregirte.
Aquí se conoce cuán flaco de memoria es el pecado: tiene César en su mano su vida, y la olvidó; tiene en la ajena la muerte, y la busca.