patas


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patas

s. m. Diablo, demonio me disfracé de patas, con traje rojo, cuernos y rabo. pateta
NOTA: En plural: patas
Sinónimos

patas

sustantivo masculino
(col.)demonio, diantre (col.), dianche (col.), diaño (Asturias), demongo (Asturias y Andalucía), diablo, pateta (col.), patillas.
Traducciones
Ejemplos ?
Era un animal hermosísimo, tenía esbeltas patas, ojos inteligentes y una crin que le colgaba como un velo de seda a uno y otro lado del cuello.
Roban —si la palabra tiene sentido aquí— cuanto le exige su atroz hambre. Al menor rumor, no huyen porque esto haría ruido, sino se alejan al paso, doblando las patas.
Y el escarabajo se adelantó: -Primero los grandes, después los pequeños -dijo-, aunque no es el tamaño lo que importa. Y alargó sus delgadas patas.
En los días amargos en que gimo y las quejas de mis labios se escapan en forma de blasfemias, alzo los tristes ojos a mi corona vieja y encuentro allí la araña, la misma araña fea con sus patas peludas y su cabeza negra, ¡como oyendo las frases que en mi boca aletean!
Era su encanto hacer de perro, portando la caza. A los dos minutos salió del matorral el chico, balanceando, agarrada de las patas traseras, una liebre poco menor que él.
Este accidente, sin embargo, no detuvo ni refrenó la carrera de los perseguidores del toro, antes al contrario, soltando carcajadas sarcásticas: —Se amoló el gringo; levántate, gringo —exclamaron, y cruzando el pantano amasando con barro bajo las patas de sus caballos, su miserable cuerpo.
Un peón había tenido tiempo de asestarle un machetazo en la oreja, y el animal, al trote, el hocico en tierra y el rabo entre las patas delanteras, había cruzado por nuestro camino, mordiendo a un potrillo y a un chancho que halló en el trayecto.
De pronto, mientras avanzaba desde la orilla, se encontró frente a un nuevo y formidable adversario. A la vuelta de un sendero, con las orejas tiesas y las patas delanteras colgantes, muy erguido, estaba sentado un conejo.
En punto a juegos, las criaturas estaban acordes en reconocer en su padre a un maestro, particularmente en su modo de correr en cuatro patas, tan extraordinario que los hacía enseguida gritar de risa.
Entonces vivía en el interior del castillo, en una silla de terciopelo, o yacía sobre el regazo de la señora principal. Me besaban en el hocico y me secaban las patas con un pañuelo bordado.
Para los pequeñuelos había vida en aquel bastón; no bien se hubieron montado en él, el reluciente pomo se convirtió en una magnífica cabeza de caballo, con larga y negra melena ondulante, y de la caña salieron cuatro patas esbeltas y vigorosas; el animal era robusto y valiente.
Por el norte del patio avanzaba solo el caballo en que había ido el peón. Los perros se arquearon sobre las patas, ladrando con furia a la Muerte, que se acercaba.