Paco


También se encuentra en: Sinónimos.

paco

(Del quechua p'aqo, amarillo rojizo.)
1. s. m. ZOOLOGÍA Paca, mamífero roedor.
2. ZOOLOGÍA Llama, mamífero rumiante.
3. Amér. Central y Merid. MINERALOGÍA Mineral de plata en cuyo interior hay una ganga ferruginosa.
4. Amér. Merid., Pan. familiar Policía, persona encargada de mantener el orden público.
5. Argent., Chile, Perú Color rojizo o bermejo.

paco

(De la onomatopeya pac.)
1. s. m. HISTORIA Marroquí de las antiguas posesiones españolas africanas, que aislado y escondido, disparaba sobre los soldados.
2. MILITAR Combatiente o soldado que dispara estando solo y escondido. francotirador

paco

s. m. Nicar. COCINA Tamal o masa de maíz lavado.

paco

 
m. zool. Alpaca.

paco

  (onomat. del disparo y su eco)
m. Durante la guerra del Rif, moro que, aislado y escondido, disparaba sobre los soldados.
p. ext.Tirador aislado.
Sinónimos

paco

sustantivo masculino
Traducciones

Paco

Franz

Paco

cop

Paco

SM (forma familiar) de Francisco ya vendrá el tío Paco con la rebajathey will soon come down to earth with a bump

paco

1 SM (Mil Hist) → sniper, sharpshooter

paco

2 SM (LAm) → cop, policeman

paco

3
A. ADJ (Andes, Cono Sur) (= rojizo) → reddish
B. SM (Andes, Cono Sur) (= mamífero) → alpaca
Ejemplos ?
-Por allí viene don Paco -dijo Pepita la Bullanguera al ver desembocar por la esquina al famoso injerto de litri y de marqués de quien, de modo tan poco lisonjero, acababa de ocuparse la señora Rosario la Lechuguina.
¿Y sabes tú ya lo que quiée jacer conmigo? -Sí -le repuso con voz sombría el Carambuco-; casarte con Paco el de los Jazmines. Pero no tengas cudiao, que yo iré en busca de ese hombre.
-De Malaguita, de Malaguita la Bella, es de aonde me trae este condenao, al que se le van aflojando ya mucho los corvejones. -Y qué, ¿ha visto usté al pasar a mi Paco?
-To es jacerse a una cosa, y como a la fuerza dan garrote, y como Dios nos ha dao el entendimiento pa pensar y pa reflercionar, tu hombre se habrá dicho que de lo malo sale lo güeno, y que to menos la muerte tiée cura, y que los tiempos hay que tomarlos conforme vienen, y lo que él me decía ayer en confianza... -¿Y qué era lo que le decía a usté ayer en confianza mi Paco?
-¡Camará!, pos ni que hubiera usté tenío un cronómetro colgao de una de sus pestañas -contestó sonriendo irónicamente Pepa, contestando al saludo de Paco.
El día en que aconsejados por la curiosidad pasamos los umbrales del citado ventorrillo, que se eleva dando vista a la población, a los montes y al cementerio, ya el señor Curro habíase ido, a causa de un segundo acosón hemipléjico, al último indicado lugar, y Paco Cárdenas, su sobrino, era el que oficiaba de experto timonel en aquel barco, para el cual parecía que no había hecho la Divina Providencia más que mares en bonanza.
Con razón sintióse satisfecho el señor Paco al ver honrada su casa por aquellas tres altas personalidades, la flor y nata de los hombres jacarandosos y macarenos entre los cuales figuraba como glorioso abanderado el señor Pepe el Castizo, hombre de más de cincuenta años, de pelo gris, de facciones enérgicas, de cuerpo aún lleno de vigor y elasticidades y hombre que, no obstante los deterioros inevitables de sus cinco décadas, aún no dejaba de meter los cimbeles, a veces todavía con no adversa fortuna, cuando alguna hembra hacía llamear los rescoldos en su corazón apasionado.
Y si gusto da ver lo ya descrito, no lo da menos ver la estantería, llena de botellas, adornadas con vistosísimas etiquetas; estantería que cubre el fondo del establecimiento menos en la parte central, donde un pasadizo da acceso a un patio dividido, por cañas y enredaderas, en reducidos cenadores, donde, en los meses del estío, buscan refugio apropiado y misterioso amores de contrabando y negocios no acreedores a muy lisonjeros adjetivos. Paco Cárdenas...
¡Como casi nunca tengo yo la suerte de que entre tanto bueno por mis puertas, y hacía ya tantísimo tiempo que no venía usté por aquí! -exclamó Paco, estrechándole la mano que aquél le tendía.
Y oye tú, Pepe -añadió Paco, dirigiéndose al mozo, que con las mangas de la chamarreta arrolladas ocupábase en enjuagar copas y vasos en una de las piletas del mostrador-, a ver si nos llevas al patio dos copas y dos botellas y dos petates, por si las botellas nos jacen traición, que esas charranas son algunas veces mu malas y traicioneras.
-No es maluquillo der tó -dijo el Oblea atusándose el recio y negrísimo bigote. -Ya sabe el señó Paco quién se gasta los cuartos.
-¿Quiénes son los que se han metío en el merendero? -preguntó el señor Paco el Berrinche a Perico el As de bastos, mozo del establecimiento.