p.a.

Traducciones

p.a.

ABR
1. =por autorización
2. =por ausencia
Ejemplos ?
-Yo nunca he creío que sea por mo del de los almanaques, pero es que yo creía que la Candelaria seguía en la corte pa estar allí cuando se abriera el Congreso de los Diputaos.
¡Pueden imaginarse los lectores con cuánto gusto se explayaría la pobre mujer en tal materia a poco que le hurgó don Alvaro!... Refirió su expediente de pe a pa, sin olvidar aquello del derecho virtual, retrospectivo e implícito...
¿Bien cebadito? Me ha encargao de buscarlo el cocinero del señor marqués... Es pa la cena de Navidá. Ha de ser cosa de satisfacción.
-Si yo no digo lo contrario -exclamó el Tomiza, cuyo fiero mirar habíase dulcificado un tanto-; pero es que esta criatura -y al decir esto señalaba al Petaca- siempre ha de decir las cosas cogiéndole a uno arguna parte del terno, y no me he jecho yo esta chaquetita de jelga azul pa que me la jurgue naide de tan malita manera.
Pos si no hay en toa la provincia un mozo de los de ácana que no le haiga jecho la ruea a esa gachí y que no haiga sacao lo mesmito que tú, y si no, aquí me tiées a mí, que no creo yo estar tampoco entoavía pa que me embalsamen, y tamién a mí un día que se me acalenturó el cuerpo mirándola, y porque me permití decirle que..., vaya..., cuasi na..., cuatro llenas y cuatro vacías, por poquito si tengo que darle parte al sereno, y no te creas tú que liemos sío sólo nosotros, que lo mismo que a ti y que a mí le pasó con ella al Pecoso, y mira tú que el Pecoso es un hombre con más tronío que un barreno y con más parneses que pecas, y, sin embargo, el gachó tuvo que virar der to y poner la proa a la mar, y «me alegro de verte güena».
-Calla, hija, calla, que están los parneses jugando ar pilla pilla y no se lo trompiezan más que los que no los necesitan, y no hay quien tenga ni una púa pa un refresco; como que hay día que llego a mi casa jartica de andar y jartica de darle coba jasta al retrato de Espartero y sin haberme estrenao ni por casolidá tan siquiera.
Como que jasta pa mí tiée sus salías esa mala siquirillera; como que la otra tarde me dijo la mu señora de bien que tenía ganas de saber cómo roía yo los coscorrones.
-Pos mire usté, a mí también, manque me llamo Enrique Córdoba y Córdoba, pa servir a ustedes, me dicen el de la Tinaja porque asín llamaban a mi bato, que en paz descanse, que era, y esto sea dicho sin agraviar a nadie, un gachó que valía por quince mil y pico por lo valiente y lo garboso que era y por lo que chanelaban sus güesos.
Y na, hombre, na, que yo un día de estos me tiro por la escollera. -Pero algo le dirá a usté, compadre, esa gachí pa que le sirva a usté de consuelo.
-¿Qué han pedío? -Pa encomenzar seis botellas de la Pastora y un ciento de langostinos. Con razón sintióse satisfecho el señor Paco al ver honrada su casa por aquellas tres altas personalidades, la flor y nata de los hombres jacarandosos y macarenos entre los cuales figuraba como glorioso abanderado el señor Pepe el Castizo, hombre de más de cincuenta años, de pelo gris, de facciones enérgicas, de cuerpo aún lleno de vigor y elasticidades y hombre que, no obstante los deterioros inevitables de sus cinco décadas, aún no dejaba de meter los cimbeles, a veces todavía con no adversa fortuna, cuando alguna hembra hacía llamear los rescoldos en su corazón apasionado.
Pos mil clarito que me dijo que ella no se podía comprometer a naíta conmigo, porque a ella quien le gusta es otro gachó, que, sigún dice ella, es más bonito de cara que el sol y más salao que las pesetas, y el cual hasta anoche no se ha aterminao a peirle una cita, que se la ha pedío pa esta noche, en la ventana.
Y la hombrá más grande que yo conozco del Niño es una de ésas que usté dice; una en que el hombre tuvo que darse la mar de contravapor pa no tener que buscarse una ruina.