púlpito

púlpito

(Del lat. pulpitum, tarima.)
1. s. m. RELIGIÓN Plataforma que hay en algunas iglesias para predicar o dirigir los rezos de los fieles ofició la misa desde el púlpito .
2. RELIGIÓN Cargo o empleo de predicador en algunas órdenes.

púlpito

 
m. catol. Plataforma que hay en las iglesias para predicar desde ella.
Traducciones

púlpito

pulpit

púlpito

chaire

púlpito

bigoncia, pulpito

púlpito

Kanzel

púlpito

المنبر

púlpito

ambona

púlpito

Άμβωνας

púlpito

kazatelna

púlpito

説教壇

púlpito

SMpulpit
Ejemplos ?
Pero fray Casimiro tenía mucho de calvatrueno; y fue el caso que, comprometido por su guardián para predicar en la fiesta del Corpus, en la parroquia matriz de San Antonio, llegó la hora de que ocupase el púlpito el orador, y a éste no se le encontraba ni vivo ni muerto.
«Lo mismo -añade don José Pastor- ha pasado con la vacuna; pues sacerdotes llegaron a predicar en el púlpito que el demonio había dado a Job las viruelas por medio de la inoculación».
Cada vez que subía al púlpito algún jesuita...
Terminada la misa, un fraile subió al púlpito, y predicó la guerra santa en su lengua vascongada, ante los tercios vizcaínos que acabados de llegar, daban por primera vez escolta al Rey.
Algunos médicos opinaron que si la carencia de carne continuaba, medio pueblo caería en síncope por estar los estómagos acostumbrados a su corroborante jugo; y era de notar el contraste entre estos tristes pronósticos de la ciencia y los anatemas lanzados desde el púlpito por los reverendos padres contra toda clase de nutrición animal y de promiscuación en aquellos días destinados por la Iglesia al ayuno y la penitencia.
La nave central era de enormes proporciones y sobrecogía por las montañas de polvo acumulado sobre los bancos, el altar, el púlpito y el órgano, y las inmensas colgaduras de telaraña que se desplegaban entre los arcos apuntados del triforio.
-me contestó-: entre nosotros no faltaba quien dijera, como ustedes hoy, que era, más que escuela de vicios, cátedra de moralidad; pero, sin embargo, yo opinaba mejor (y cuidado que no soy fanático) con el padre Prior que decía, cuando de ello le hablaban: «Podrán los devotos del teatro asistir a él como a una cátedra de virtudes; pero lo cierto es que en ninguna parte se predica más moral y más clara que en el púlpito, y si se pusiera la entrada a dos cuartos, tal vez ni los monaguillos nos escucharan.» De todos modos, el pueblo no echaba en falta esos pasatiempos: ¿a qué empeñarnos en dárselos cuando, por lo menos, le habían de crear una nueva necesidad?
Los beatos y beatas gimoteaban haciendo novenarios y continuas plegarias. Los predicadores atronaban el templo y hacían crujir el púlpito a puñetazos.
El alguacil dijo: “Harto hay más que decir de vos y de vuestra falsedad, mas por agora basta.” El señor comisario se hincó de rodillas en el púlpito y, puestas las manos y mirando al cielo, dijo ansí: “Señor Dios, a quien ninguna cosa es escondida, antes todas manifiestas, y a quien nada es imposible, antes todo posible, tú sabes la verdad y cuan injustamente yo soy afrentado.
don Francisco Javier de Arriaza, primer Obispo de esta diócesis, empleó todos los esfuerzos de que eran capaces su autoridad y su fervor, contra tan profana ceremonia; que su sucesor hizo lo mismo, y que en el púlpito los oradores más afamados trabajaron con incansable celo en la propia obra; pero que todo fue en vano.
Le apellidaban el Padre Postas porque, cuando se entusiasmaba en sus sermones y quería ponderar la violencia y rapidez con que los demonios se llevan al infierno a los pecadores empedernidos, decía, ya que entonces no había aún ferrocarriles, que se los llevan en postas, y para explicarlo mejor, montaba a caballo en la delantera del púlpito...
¡Había que usar con esa pareja de tórtolas un estira y afloja muy dificultoso! ¡Con tal de que el señor cura no saliera en el púlpito con algún gruñido de los suyos!...