pómulo

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pómulo

(Del lat. pomulum, fruto pequeño.)
1. s. m. ANATOMÍA Hueso prominente de la mejilla que cierra la cuenca del ojo en su parte inferior externa. malar
2. ANATOMÍA Parte de la cara correspondiente a este hueso tienes los pómulos enrojecidos por el calor.

pómulo

 
m. anat. Hueso de la mejilla.
Parte de la cara correspondiente a este hueso, situado debajo del ángulo externo del ojo.

pómulo

('pomulo)
sustantivo masculino
hueso saliente de la cara situado bajo los ojos y parte de la cara que le corresponde Recibió un golpe en el pómulo derecho y se le hinchó la cara.
Sinónimos

pómulo

sustantivo masculino
Traducciones

pómulo

zigomo, pomello

pómulo

lícní kost

pómulo

kindben

pómulo

poskiluu

pómulo

jagodica

pómulo

ほお骨

pómulo

광대뼈

pómulo

jukbeen

pómulo

kinnben

pómulo

скула

pómulo

kindben

pómulo

โหนกแก้ม

pómulo

xương gò má

pómulo

颧骨

pómulo

SM (= hueso) → cheekbone; (= mejilla) → cheek

pómulo

m cheekbone
Ejemplos ?
si ella estaba peor, él tenía, aunque fuese arrastrando, que ir a sus cubriles a comerse a besos aquella carita pálida de pómulos encendidos y aquellos ojos que eran como dos ventanales por los que parecía querer irse el alma de aquel cuerpo tan airoso a la vez que tan débil, tan esbelto, tan febril y tan lleno, a sus ojos, de tan hondos atractivos.
Más a11á, donde se estrecha la nave, el confesonario hace juego con una pequeña imagen de la Virgen, vestida con un traje de raso, tocada con un velo de tul sembrado de estrellas de plata, y con los pómulos completamente llenos de púrpura como un ídolo de las islas Sandwich; por último, una copia de la «Sagrada Familia, regalo del ministro del interior», presidiendo el altar mayor entre cuatro candeleros, remata al fondo la perspectiva.
Estremecen su cuerpo sacudidas nerviosas; los entreabiertos ojos descubren el globo blanquiazul; los ardores de la calentura asoman con bermejez cobriza a sus pómulos; el resto de la piel amarillea, pegándose a los huesos, que por bajo de ella se dibujan.
Su barba gris, de corte cuadrado, ocultaba una boca sin dientes, hundida por esta causa y por la rara configuración de las mandíbulas; su cabeza, en fin, algo calva, y pelada además a punta de tijera, más parecía germánica que española, a juzgar por la forma de los pómulos y de la frente.
Arrellenábase a mi derecha, silencioso, atento e impasible, como si estuviese en su caja, el banquero Nicolás Darío, hombre de unos cincuenta años de edad, de mezquina estatura, cabeza nevada a trechos, sonrisa y ojos más jóvenes que el resto del cuerpo, y rostro que, por lo escaso de la barba, lo carnoso de los labios, lo abultado de los pómulos, recordaba la fisonomía que prestan a los faunos los escultores.
Sus ojos de largas pestañas curvas miraban hacia delante, y, aunque bien abiertos, parecían un poco estirados hacia los pómulos, a causa de la sangre que latía suavemente bajo su fina piel.
Al tratar madama Teresa de incorporarse difícilmente, vimos de cerca su rostro, no demacrado ni excesivamente arrugado, sino céreo, como el de un muerto, y fino, como el de una muñequita de marfil. Un toque de rosa marchito apareció un momento en sus pómulos.
La boca un tanto grande, pero todavía sin el más ligero desborde de ese carmín virginal que mancha los labios sabedores del amor, como el vino a la copa en que se ha bebido. Eran quizá un poco altos y flacos sus pómulos.
Erdosain se levantó trabajosamente y cayó sobre una silla; Barsut estaba tan pálido que dos llamas parecían escapar de sus ojos. De los pómulos a las orejas, haces de músculos trazaban dos arcos temblorosos.
La nariz, de rectitud casi griega, acentuaba con su línea segura la firmeza del rostro esculpido con enérgica enjutez. Quijadas y pómulos, en ajustado remache, perfilábanse bajo la fluida tranquilidad de la barba.
A medida que sus amistades desaparecían, se estrechaban más los lazos de amor con su hija. Sin embargo, la niña le preocupaba, pues a veces tosía y tenía placas rojas en los pómulos.
No era ella, que digamos, muy bonita, con su cara chata de india, apenas pulida, sus pómulos salientes y su pelo como cerda, tan tupido y profuso que casi no le dejaba frente; pero tampoco era él un Adonis; y por lo que era de entender de campo y de cuidado de la hacienda, no había gaucho que se las ganara a Gregoria.