pícaramente

pícaramente

adv. Con picardía miraba pícaramente a los espectadores.

pícaramente

 
adv. m. Ruin e infamemente, con vileza y picardía.
Ejemplos ?
La maldita zurcidora de voluntades no creía, como Sancho, que era mejor sobrina mal casada que bien abarraganada; y endoctrinando pícaramente con sus tercerías a la muchacha, resultó un día que el pernil dejó de estarse en el garabato por culpa y travesura de un pícaro gato.
Sancho de Cuéllar procedió como escribano pícaramente; pues no sólo estampó palabras que agraviaban la triste posición del inca cautivo, sino que al notificarle la sentencia y acompañarlo al cadalso, lo trató con burla y desacato.
Deseoso luego Astilo de embromar a Gnatón, le preguntó, riendo, si no le daba vergüenza de amar a una rústica y de acostarse con una zagala que por fuerza había de oler pícaramente.
Es posible que esta anécdota no sea original del mismo Samaniego, y sí sólo una de aquellas imitaciones de que tan discreto ejemplo nos dio en muchas de sus fábulas, cuyo pensamiento pertenecía a los fabulistas que le precedieron, desde Esopo a Lafontaine; pero no por eso tiene menos gracia, a pesar de lo pícaramente que yo la voy a contar.
e fijo, lector mío, que muchas veces has oído decir: Puneña, zurrón-currichi aplicado a las hijas de San Carlos de Puno, apóstrofe que, francamente, es la mayor injuria que hacerse puede a las allí nacidas, porque equivale a llamarlas brujas, y harían muy bien en beberle la sangre a sorbos al malandrín que tan pícaramente las agravia.
Por entonces sus problemas con el alcohol empezaron a pasarle factura, pues pícaramente vendía sus derechos a varios taberneros a cambio de aguardiente cuando ya los tenía el empresario teatral del teatro Martín, Antonio Álvarez; a pesar de la protección de este (le invitó a comer gratis en su casa si dejaba la bebida, pero la resistencia del escritor no duró una semana) el poeta iba de mal en peor, agregado a la bohemia báquica de los escritores profesionales Pedro Escamilla, Florencio Moreno Godino y Pelayo del Castillo.
La Guardia Civil trae a su hermana, Emilia Girón, a identificarlo, ésta, pícaramente, lo identifica aún sabiendo que no es él, para así ganar unos meses de tranquilidad.
Se lo adorna pícaramente con un gran collar de cascarones de huevo y un pimiento rojo seco que cuelga de la bragueta unido a dos cabezas de ajo, o bien un pájaro muerto.