pétalo

(redireccionado de pétalos)

pétalo

(Del gr. petalon, hoja.)
s. m. BOTÁNICA Cada una de las hojas que forman la corola de la flor.

pétalo

 
m. bot. Cada una de las piezas que forman la corola de la flor.

pétalo

('petalo)
sustantivo masculino
cada una de las piezas planas que forman la corola de la flor un pétalo de margarita
Traducciones

pétalo

pètal

pétalo

okvětní lístek

pétalo

Kronblatt

pétalo

petal

pétalo

petalo

pétalo

pétale

pétalo

עלי כותרת

pétalo

kroonblad

pétalo

pétala

pétalo

花瓣

pétalo

petalo

pétalo

płatek

pétalo

花瓣

pétalo

花びら

pétalo

꽃잎

pétalo

blomblad

pétalo

SMpetal
Ejemplos ?
Simbolizan los pétalos azules la ilusión, que es deleite y bienandanza, los rosados se antojan los ensueños, y los verdes asemejan la esperanza.
Las florecillas azules que vi en sus cabellos se habían secado por completo y habían perdido todos sus pétalos; pero estaba encantadora, tanto que, a pesar de lo extraño de la aventura y del modo inexplicable en que había entrado en mi habitación, no sentí temor ni por un instante.
Un viejo tronco de ceibo Me daba sombra y abrigo Un ceibo que desgajaron Los huracanes de estío. Piadosa una enredadera De perfumados racimos Lo adornaba con sus flores De pétalos amarillos.
Sobre aquella red sutil e inmaculada, cual telaraña de la gloria, albeaban con sus pétalos ideales manojos de azucenas, y volaban como almas de vírgenes unas mariposas aseñoradas, de una gravedad coqueta y desconocida.
EN CAMINO Al fin te ve mi fortuna Ir, a mi abrigo amoroso, Al buen terruño oloroso En que se meció tu cuna Los fulgores de la luna, Desteñidos oropeles, Se cuajan en tus broqueles Y van por la senda larga, Orgullosos de su carga, Los incansables corceles. De la noche en el arcano Llega al éxtasis la mente Si beso devotamente Los pétalos de tu mano.
No porque no inflamase sus venas la calentura del deseo, ni porque no soñase todas las noches con la aventura de deshojar uno a uno los pétalos de la intacta azucena respirando su perfume; pero respetaba en la novia a la esposa, y las telas que cubrían a la bella estatua eran tan sagradas para él como la orla del manto de la Virgen.
Se arremolinan en bandadas; se dispersan como pétalos de rosa que se deshojase en el aire; giran, febricitantes de amor, para posarse luego donde quiera que agonicen los mortales.
Cual la insensatez humana que paga tributo al lodo inmun-do, bordan las márgenes de El Sapero sauces llorones que lo besan; chachafrutos que le riegan sus pétalos purpúreos; borracheros que le adulan con la grosería de sus perfumes y la hipérbole de sus flores; dragos que enrojecen sus hojas por adornarlo.
Las flores que además de encantarnos y de hacernos soñar nos curan, son las más santas de las flores; se asemejan a esas bonitas hermanas de caridad, cuyas blanquísimas alas agita el viento. Es delicioso pensar que hay pétalos que nos protegen.
Coronando ese todo maravilloso, una guirnalda de las mismas flores que adornan la túnica, abre sus blancos pétalos entre hojas de esmeralda, dejando caer hacia atrás dos largos festones hasta lo bajo de la falda.
El cual, así que se hubo celebrado el banquete a la puesta del sol, tomó de la mano a la desposada, y le dijo solemnemente: «Hermosa eres, doncella: tu presencia, como un vino generoso, derrama embriaguez. Tus formas son de diosa; grandes son tus ojos, tus cejas parecen pétalos de loto, tu voz es como el gorjeo del kokila.
¡Oh, y qué aroma exhalaban sus habitaciones, y qué claras y hermosas eran las paredes! No eran otra cosa sino los pétalos de la flor, de color rosa pálido.