oval


También se encuentra en: Sinónimos.

oval

(Del lat. ovum, huevo.)
adj. Con figura de óvalo o huevo tiene el rostro oval.

oval

 
adj. De figura de óvalo o de huevo.
anat. ventana oval Una de las dos aberturas por las cuales la caja del tímpano comunica con el laberinto.

oval

(o'βal)
abreviación
que tiene forma de óvalo salón oval
Sinónimos
Traducciones

oval

oval

oval

oval

oval

ovale

oval

ovaal

oval

oval

oval

ovál

oval

Oval

oval

oval

oval

ADJ ovalado ADJoval

o·val

a. oval.
1. rel. to an ovum;
2. in the shape of an egg;
ventana ______ window, membrane that separates the middle and the inner ear.
Ejemplos ?
Espiguillas (1-)2-6-floras, cortamente pediceladas; comprimidas lateralmente; raquilla pilosa, prolongada más allá del antecio superior; desarticulación de la raquilla sobre las glumas y entre los antecios; glumas heteromorfas a subisomorfas, lanceoladas a oval-lanceoladas...
Son plantas perennes, cespitosas, a veces con rizomas cortos; cañas de 5-300 cm de alto, erectas o geniculadas en la base, glabras o pilosas bajo la panícula; lígulas membranáceas, truncadas a ovales; láminas planas a conduplicadas, a veces filiformes, glabras o pilosas. Inflorescencia una panícula espiciforme o laxa, contraída o abierta, oval o piramidal; raquis glabro, escabroso o piloso.
Consta de seis plantas articuladas alrededor de dos patios interiores, uno circular y otro oval, más un sótano, un desván y la azotea.
Las hojas, de unos 7,5 a 12,5 cm de largo, son alternas, largamente pecioladas, de forma oval o casi circular y cordadas en la base.
Una bata blanca llena de encajes ceñíase dúctil y tentadora a su cuerpo, donde cada curva era un espolazo en los sentidos para todo el que en ella posaba sus ojos; de nácar parecía su semblante oval y de graciosa expresión, y de azabache parecían sus ojos grandes y adormilados, sus cejas pobladísimas y la reluciente crencha que rizábasele sobre la tersa frente.
Con razón decían los de gusto más selecto del barrio que era Dolores entre las hembras de más tronío, lo que entre los luceros la luna; que tenía nuestra heroína por obra y gracia del Altísimo, como soles los ojos, los labios como la grana, los dientes como de marfil, oval el semblante, como la endrina de negro el pelo y más anillado que una tumbaga, y un cuerpo capaz de hacer levantarse de su sepultura a las momias del sexo viril que nos legaran los dignísimos faraones.
«De cuerpo pequeño y algo grueso, sus movimientos eran llenos de vivacidad; su rostro oval y de un moreno pálido lucía no pocas cacarañas u hoyitos de viruelas, que ella disimulaba diestramente con los primores del tocador; sus ojos eran pequeños, negros como el chorolque y animadísimos; profusa su cabellera, y sus pies y manos microscópicos; su nariz nada tenía de bien formada, pues era de las que los criollos llamamos ñatas; un lunarcito sobre el labio superior hacía irresistible su boca, que era un poco abultada, en la que ostentaba dientes menudos y con el brillo y limpieza del marfil; cuello bien contorneado, hombros incitantes y seno turgente.
Y ambas fueron a buscarlos, y los llevaron al tocadorcito del baño. Este, oval, diáfano, remansado, semeja enorme lente. Dos fucsias simétricamente plantadas campan en el centro de aquellas espesuras artificiosas; extienden sus ramajes, cuelgan sus flores purpurinas y las dibujan en la quieta superficie.
Paco Cárdenas, en el momento en que lo sacamos a relucir, podría contar veintisiete o veintiocho años, y era de regular estatura, algo metido en carnes, una miajita crecido de abdomen, de tez trigueña, de rostro oval, con grandes y dulces ojos melados, pelo oscuro y boca riente y femenil y que siempre ligeramente contraída dejábale algo al descubierto la limpísima dentadura.
Lo representan con rostro oval y barba pobladísima, vestido de hierro y con casco, en cuya cimera flamea vistoso y elegante plumaje.
De una perfección oval Es su cara encantadora Que tiene una languidez, Tiene un imán, una cosa Que conmueve el corazón Tocando sus fibras hondas Y que el labio no la explica, Pero el ánima la goza.
Para completar esta soberana figura, imaginaos un rostro moreno, algo descarnado (o más bien afinado por el buril del sentimiento), de forma oval como el de la Magdalena de Ticiano y bañado de una palidez profunda, que casi amarilleaba, y que hacían mucho más interesante (pues alejaban toda idea de insensibilidad) dos ojeras hondas, lívidas, llenas de misteriosas tristezas, especie de crepúsculo de los enlutados soles de sus ojos.