oropel


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oropel

(Del fr. ant. oripel < lat. aurea pellis, piel de oro.)
1. s. m. Lámina fina y delgada de latón que imita al oro.
2. Cosa de poco valor y mucha apariencia. baratija
3. coloquial Ostentación, por lo general falsa, de riqueza. pompa
4. gastar una persona mucho oropel Ostentar gran vanidad y lujo, sin tener posibles para ello.

oropel

 
m. metal. Lámina de latón muy batida y adelgazada que imita al oro.
fig.Cosa de poco valor y mucha apariencia.
fig.Adorno o requisito de una persona.

oropel

(oɾo'pel)
sustantivo masculino
1. lámina de latón delgada que imita al oro un ramo de flores de oropel
2. cosa de mucha apariencia pero poco valor una joya con oropeles
Sinónimos

oropel

sustantivo masculino
Traducciones

oropel

tinsel

oropel

بهرج

oropel

Tinsel

oropel

ดิ้น

oropel

SMtinsel
de oropelflashy, gaudy
gastar mucho oropelto make a pretence of being wealthy
Ejemplos ?
Yo no sé si Alberto se lanzó ó no en esa candente arena de la política, matadora de las ilusiones y del entusiasmo, vida en que, a la postre, se ostenta joven la faz y anciano el corazón; vida de prosa y materialismo, vida de ideales, absurdos casi siempre, y en la que, como el médico que armado de escalpelo intenta adueñarse de los misterios del organismo humano, sólo se cosechan decepciones. En política, lo que nos imaginábamos oro, es oropel.
Era preciso que usted pudiese apreciar vivos estos dos cuadros para que no dudase sobre cuál de ellos cernía más el tedio sus negras alas, y qué generación vivía más tranquila y más risueña, si la que se cubre con el oropel de la moderna sabiduría, o la cobijada bajo los harapos de nuestra vieja ignorancia.
Ojos hay engañados que a la primera vista tan bien les parece el oropel como el oro, pero a poco rato bien conocen la diferencia que hay de lo fino a lo falso.
Así son las reputaciones literarias desde que entró la Patria. ¡Hojarasca y soplillo! ¡Oropel, puro oropel! -¡Qué quiere usted, don Adeodato!
BERGANZA.—Eso es lo que yo digo, y quisiera que a estos tales los pusieran en una prensa, y a fuerza de vueltas les sacaran el jugo de lo que saben, porque no anduviesen engañando el mundo con el oropel de sus gregüescos rotos y sus latines falsos, como hacen los portugueses con los negros de Guinea.
¿Qué mucho que la España de entonces trocase su libertad interior por el dominio en lo exterior, si hemos visto en los tiempos modernos a una gran nación que se decía harto más adelantada, a una nación que parecía haber sacudido para siempre toda especie de tiranos por medio de la más sangrienta Revolución, si la hemos visto, decimos, coronar a un nuevo déspota, que no necesitó para ceñirse con una mano la corona imperial sino alargar con la otra a los republicanos más ardientes laureles perecederos y el oropel de una pasajera conquista?
Pero, esta importación del pensamiento y de la literatura europea no debe hacerse ciegamente, ni dejándose engañar del brillante oropel con que algunas veces se revisten las innovaciones inútiles o perjudiciales.
Un ser que huye y se engalana con los colores del viento, y se nos muestra un momento en fugitiva ilusión, y un ser que a pocos contenta, cuando por fin alcanzado deja el oropel prestado y descubre el corazón.
La riqueza en la compostura puede anunciar un hombre opulento, y su elegancia un hombre de gusto: el hombre sano y fuerte se reconoce por otras señales; es bajo el rústico vestido del obrero y no bajo el oropel de un cortesano que se encontrará la fuerza y el vigor del cuerpo.
Y transigía con él, y procuraba engañarle con oropel que añadía al oro fino de su ingenio; y como unas veces le aplaudían el oro y le silbaban el oropel, y otras veces al revés, y otras se lo silbaban todo por igual, o todo se lo aplaudían, insistía, desorientado, en su afán de vencer; pero daba mil tropiezos en aquella guerra indigna de su mérito, y a los estrenos iba a ciegas siempre, esperando el tallo como si fuese la bola de una ruleta que no se sabe dónde va a parar.
Y virrey que no habla a la fantasía, virrey sin oropel y sin relumbrones, es una falsificación del tipo, como si dijéramos un santo sin altar y sin devotos.
Pero, ¡ay!, estaban secas y amarillas; y allí lo dejaron entre hierbajos y espinos. La estrella de oropel seguía aún en su cúspide, y relucía a la luz del sol.