orador

orador, a

(Del lat. orator, el que habla.)
1. s. RETÓRICA Persona que habla en público, pronuncia discursos o imparte conferencias el público aplaudió al orador.
2. RETÓRICA Persona que está preparada para ejercer el arte de hablar con elocuencia. conferenciante
3. Persona que ruega y reza.
4. s. m. RELIGIÓN Predicador evangélico.

orador, -ra

 
m. f. Persona que ejerce la oratoria.
En sentido absoluto, persona que por su naturaleza y estudio está capacitado para la oratoria.
Persona que pide y ruega.
m. Predicador.
Traducciones

orador

orateur

orador

řečník

orador

taler

orador

puhuja

orador

govornik

orador

話す人

orador

연사

orador

spreker

orador

taler

orador

mówca

orador

orador

orador

talare

orador

ผู้พูด

orador

diễn giả

orador

扬声器

orador

SM/Fspeaker, orator (frm)
Ejemplos ?
Porque ¿qué no diría, especialmente un orador, sobre esta infracción de la ley, que ordena que los fallos dados sean cumplidos y ejecutados?
¿Las lumbreras de la asamblea que me escucha? Lo confieso; pero sólo en lo que concierne a la elaboración del discurso y no en cuanto al sentimiento del orador.
Dichas estas verdades de a folio, recomendó muchísimo y hasta con pesadez (sin duda por conocer bien a las hijas de Eva), que cuando el herido recobrase el conocimiento, no le permitieran hablar, ni le hablaran ellas de cosa alguna, por urgente que les pareciese entrar en conversación con él; dejó instrucciones verbales y recetas escritas para todos los casos y accidentes que pudieran sobrevenir; quedó en volver al otro día, aunque también hubiese tiros, a fuer de hombre tan cabal como buen médico y como inocente orador...
Otro que hable, aunque sea el más famoso orador, no nos causa, por decirlo así, ninguna impresión, pero que hables tú mismo o que otro repita tus discursos por poco versado que esté en el arte de la palabra; y todos los que te escuchan, hombres, mujeres y adolescentes, se sienten impresionados y transportados.
Concluida la fiesta religiosa, pasó toda la comitiva al Palacio Nacional; y en el salón del Ejecutivo, donde se colocó con guardia de honor el ara en que figura el acta de la Independencia de Centro-América, se leyó previamente dicha acta para recordar á todos el bien recibido y los Próceres que alcanzaron nuestra libertad y autonomía; y en seguida, ocupando la tribuna el orador oficial Señor Lic.
Lo mismo pasa con los hijos, cuyo ser es como la saliva, la baba, la cual, sea de hijos de jefes, sea de hijos de Sabios, de oradores, no se pierde sino que se extiende, se continúa, sin que se extinga, sin que se aniquile la faz del jefe, del Varón, del Sabio, del Orador.
- Y de esta manera... -ululaba un orador, más teatral que sincero, -es como la sociedad agradecida rinde tributo a un salvador...
He aquí los nombres de los primeros jefes: Consejero, Consejero Lugarteniente, El de Pluvioso, El de los Poderosos del Cielo, Gran Elegido de los Cavik, Hombre del Consejo de Chituy, Colector de Impuestos de Quehnay, Hombre del Consejo del Juego de Pelota de Tzalatz, Orador Lugarteniente.
El viejo y la vieja le miraron pasmados, sin saber lo que les pasaba: él, con su zueco a medio desbastar en la mano; ella, con una sarta de cebollas que acababa de enristrar; y como su ilustrísima, sofocado de emoción, no pudiese articular palabra, tuvo el arcipreste -sacerdote de explicaderas, orador sagrado de renombre, de genio franco y despejado- que tomar la ampolleta y dirigirse a los dos aldeanos atónitos y algo recelosos además -no se sabe nunca qué intenciones traen los señores.
No podemos circunscribir la discusión del problema que nos ha preocupado a la mayoría de los mexicanos a esta propuesta; creo que esta propuesta denota cuál es el problema que circunscribe la intención del orador que me antecedió en el uso de la palabra.
Me siento tan incapaz de decir nada tan bello, que avergonzado habría desertado de mi puesto si me pudiera haber sido posible, porque la elocuencia de Agatón me ha recordado a Gorgias hasta tal punto, que verdaderamente me ha ocurrido lo que dice Homero: «Temí que al acabar Agatón no lanzara sobre mi discurso la cabeza de Gorgias, el terrible orador, y petrificara mi lengua».
Todas las avispas, luego de escuchar atentas el discurso del chapulín justiciero, zumbaron aprobando lo dicho por el orador y se prepararon para el combate.