oloroso

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oloroso, a

1. adj. Que despide buen olor le pedí al jardinero que plantara flores olorosas. aromático, fragante
2. s. m. ENOLOGÍA Variedad muy aromática del vino de jerez de color dorado oscuro.

oloroso, -sa

 
adj. Que exhala de sí fragancia.
m. Variedad muy aromática del vino de Jerez.

oloroso, -sa

(olo'ɾoso, -sa)
abreviación
que emana o despide olor El sándalo produce una madera olorosa.
Sinónimos
Traducciones

oloroso

B. SM (= jerez) → oloroso, oloroso sherry

oloroso-a

a. odorous.
Ejemplos ?
DON JUAN Ésa es una pastorcilla muy bonita, de unos quince años, con dos ojos negros que en luz con el sol compiten, y con un cutis más blanco que las plumas de los cisnes, con un cuerpo más esbelto que una palma, y más flexible que los juncos olorosos que en el agua echan raíces, y con dos manos más bellas que el nácar y los jazmines.
Besaba su frente pálida, Sus párpados transparentes Y sus mejillas ardientes, Y sus labios de coral, Y los rizos olorosos De su flotante cabello Suspendidos por el cuello En complicada espiral.
Hoy, heme aquí en Mallorca, la terra dels foners, como dice Mossen Cinto, el gran Catalán. Y desde aquí, señora, mis versos a ti van, olorosos a sal marina y azahares, al suave aliento de las islas Baleares.
Y cuentan que el viajero, solo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo.
Mas POPOCATEPETL, encendido en su optimismo amoroso, para calmarse en su espera, tomó un poco de aguamiel de los magueyes y lo bebió pausadamente. De pronto sintió un sueño tremendo y cayó como desmayado sobre las graciosas amapolas y los olorosos cempasúchiles.
Todos cantaban y hablaban, comían dulces, bebían refrescos olorosos, bailaban con mucha elegancia y honestidad al compás de una música de violines, con los violinistas vestidos de seda azul, y su ramito de violeta en el ojal de la casaca.
Sobre ricos escritorios, cuyas puertas embutidas de concha y nácar formaban un laberinto a la vista, y sobre mesas de mármol de las sierras granadinas, de mosaicos de alto precio, de maderas exquisitas, juguetes de filigrana primorosos relucían, y búcaros olorosos de las españolas Indias.
Dice el autor de Los dos cuchillos, hablando de la celebración de esta fiesta: «Aderezose el púlpito con gran aparato, salió el predicador y usó, como si fuera ya obispo consagrado, del privilegio de predicar en silla y con almohada y se desnudó las manos de unos guantes muy olorosos».
Con la punta del cuchillo daba vuelta en las brasas al pedazo de carne, cuidando de que no se quemase por demás, y cuando por fin vio que ya no chirriaba llenando la cocina de sus olorosos vapores, lo sacó del fuego, lo depositó con precaución encima de una tablita que allí estaba y, tajada por tajada, se lo comió todo, con un poco de sal y nada más, tragándose por encima medio jarro de agua.
Es su presencia honor de los jardines, Y obelisco rural que se levanta En el florido templo de Amaltea, Para ilustrar sus aras. Los olorosos jugos de las flores, Las esencias, los bálsamos de Arabia, Y todos los aromas, la Natura Congela en sus entrañas.
Y así se inició el rito, sin más ruido que el agitarse de las enormes alas del cóndor que se debatía, el chispotear de los mecheros olorosos y el eco lejano y manso del agua que lloraba desde el río, en el fondo del valle solitario.
Todos cabalgan a mula, sólo Rodrigo a caballo; todos visten oro y seda, Rodrigo va bien armado; todos espadas ceñidas, Rodrigo estoque dorado; todos con sendas varicas, Rodrigo lanza en la mano; todos guantes olorosos, Rodrigo guante mallado; todos sombreros muy ricos, Rodrigo casco afilado, y encima del casco lleva un bonete colorado.