oleaje

oleaje

s. m. Movimiento de la superficie del agua con formación de olas pudieron salir a navegar porque el oleaje no era muy fuerte.

oleaje

 
m. Sucesión continuada de olas.

oleaje

(ole'axe)
sustantivo masculino
sucesión continua de olas El niño fue arrastrado por el oleaje
Traducciones

oleaje

pěna

oleaje

brænding

oleaje

Brandung

oleaje

tyrsky

oleaje

ressac

oleaje

surfanje

oleaje

打ち寄せる波

oleaje

밀려오는 파도

oleaje

branding

oleaje

brenning

oleaje

bränningar

oleaje

คลื่นที่ซัดฝั่ง

oleaje

köpük

oleaje

bọt sóng

oleaje

海浪,

oleaje

вълни

oleaje

oleaje

SMswell, surge
Ejemplos ?
Figúrese el lector el pedazo de esa línea más áspero e irregular, el más avanzado y expuesto a los furores y embestidas del Cantábrico; el de más extensos horizontes marinos; una docena de casucas dispersas y como arrojadas allí por el oleaje de una tempestad...
Fue don Zósimo el que más empujaba, quien, sin poder evitarlo, resbaló en los peldaños estrechos y mojados de la escalerilla y se cayó pesadamente al agua, entre el remolino de oleaje alborotado por la maniobra de la embarcación chica al acercarse al vapor.
Caminábamos en silencio, sin que se oyera otro ruido que el de nuestros pasos y los rumores de la ciudad, que llegaban a nosotros en tardías bocanadas, como el lejano oleaje del océano.
Y la Luna llega, y su femineidad, a encender la noche, queriendo otorgar, el paraje perfecto que ha de acompañar, a todos los amantes de esta gran ciudad EL ANDANTE Yendo hacia "Las Torpederas", con la guitarra en la mano; un muchacho tierno juega, a sentirse enamorado. El paisaje, embelese; el entorno anima el canto; y el oleaje danzarín, otorga el ritmo acompasado.
Corre el bolillo sobre la pasta de hojuelas; el mecedor no cesa entre el hirviente oleaje; forma copos de espuma la superficie del almíbar; en esta piedra muelen la yuca y la arracacha; en aquélla, la canela y la nuez moscada; en artesas y platones blanquean los quesitos y las cuajadas; campan la manteca y la mantequilla en hojas y cacerolas; saltan los huevos en cascadas amarillas.
on Victoriano Ortiz, al tranco sosegado de su crédito, penetró con don José, el resero, en el rodeo de sus vacas -unas mil cabezas-, parado en una lona medanosa, y caminaron ambos, despacio, entre el oleaje de grupas y de astas, tratando el resero de no pisarse en sus cálculos y de darse buena cuenta del estado de los animales y de su valor, y Ortiz, de remover delante él los novillos más grandes y gordos.
Por lo que toca a la sociedad pagana, apenas cabe creerse cuánto degeneró y qué cambios experimentó el matrimonio, expuesto como se hallaba al oleaje de los errores y de las más torpes pasiones de cada pueblo.
Adorables y divinas hijas nacieron en el ponto estéril de Nereo y Doris de hermosos cabellos hija del Océano río perfecto: Ploto, Eucranta, Sao, Anfítrite, Eudora, Tetis, Galena, Glauca, Cimótoa, Espeo, Toa, la amable Halía, Pasítea, Érato, Eunice de rosados brazos, la graciosa Mélite, Eulímene, Ágave, Doto, Proto, Ferusa, Dinámene, Nesea, Actea, Protomedea, Doris, Pánope, la hermosa Galatea, la encantadora Hipótoa, Hipónoe de rosados brazos, Cimódoca que calma sin esfuerzo el oleaje en el sombrío ponto y las ráfagas de los vientos huracanados junto con Cimatolega y Anfítitre de bellos tobillos...
Pero antes de que el patrón hubiérase desnudado, Antoñuelo el Gaviota, que había estado oyendo el diálogo, cogió uno de los cabos arrollados en la popa y, antes de que pudieran darse cuenta de su decisión sus compañeros, lanzóse rápido y decidido en el hirviente oleaje.
Rosalía parecía dormida; sus cabellos encrespábanse como un reluciente oleaje alrededor de su cabeza; la muerte había devuelto a su rostro la belleza que amortiguaran horas antes las contracciones del dolor, y una serenidad que tenía algo de celeste beatitud, enseñoreábase de aquella faz que con los grandes ojos entornados parecía como sumida en un a modo de plácido sopor; sus manos, cruzadas sobre el pecho, oprimían el blanco escapulario que le llevara don Leovigildo minutos antes, y los tallos de algunas flores, cuyo blancor competía con el del sudario que envolvía modelándolas sus formas rígidas y descarnadas.
Pues, de sonante oleaje en el litoral de Día, escudriñando, a Teseo marchar con su veloz armada mira, indómitos furores en su corazón llevando, Ariadna, y no todavía ella, lo que contempla, que contempla cree: 55 como que ella, del falaz sueño entonces sólo despierta, abandonada, a sí misma, triste, se discierne en la sola arena.
para que no solamente en la varia luz del cielo de las sienes de Ariadna fijada 60 la áurea corona quedara, sino que nos también fulgiéramos, votados despojos de una flava cabeza: mojadita, del oleaje saliendo hacia los templos de los dioses a mí, como constelación nueva entre las antiguas, la diosa me puso.