Ejemplos ?
Dió a luz además a los Cíclopes de soberbio espíritu, a Brontes, a Estéropes y al violento Arges, que regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo. Éstos en lo demás eran semejantes a los dioses, pero en medio de su frente había un solo ojo.
Hombres, mujeres, niños, niñitos, presidentes y estabiloques: desconfiad de los psiquiatras como de toda policía. Ellos ejercen el contralor mental de la humanidad, y ganan con ello: ¡ojo!
Cuarenta y tantas carretas toldadas con negruzco y pelado cuero se escalonaban irregularmente a lo largo de la playa y algunos jinetes con el poncho calado y el lazo prendido al tiento cruzaban por entre ellas al tranco o reclinados sobre el pescuezo de los caballos echaban ojo indolente sobre uno de aquellos animados grupos, al paso que más arriba, en el aire, un enjambre de gaviotas blanquiazules que habían vuelto de la emigración al olor de carne, revoloteaban cubriendo con su disonante graznido todos lo ruidos y voces del matadero y proyectando una sombra clara sobre aquel campo de horrible carnicería.
Cíclopes era su nombre por eponimia, ya que efectívamente, un solo ojo completamente redondo se hallaba en su frente. El vigor, la fuerza y los recursos presidían sus actos.
-dijo un lagarto-. Van ya dos noches que no me dejan pegar un ojo. Lo mismo que cuando me duelen las muelas, pues tampoco entonces puedo dormir.
El cabecilla, de semblante fiero, un ojo tiene de crüel mirada; de un jeme el otro lo perdió certero que aún muestran la nariz y la quijada.
¡Ah, cómo palpitaba el corazón debajo! Eran tan violentos sus latidos, que el elfo no pudo pegar el ojo. Pero la rosa no permaneció mucho tiempo prendida en el pecho.
Antoñuelo el Matraca arrojó una mirada sobre el grupo de hombres de pelo en pecho que presenciaba la subasta en casa del Viruta, y -Camará -dijo con acento un tantico malhumorado-, esto va a ser peor que la toma de los Castíllejos, y esto en que yo me voy a meter me va a salir por un ojo de la cara...
-Güeno, tú me puees matar si es tu gusto; pero no por eso dejará de ser una malita faena la que tú te estás cargando con el Chumbera, y lo que yo te digo es que esas cosas tiéen sus quiebras, y que siendo Joseíto tan guasón y tan sin méritos como es, pudiera pasar que a ti se te estragara el gusto y te saliera ese juego por un ojo de la cara.
«Porque usted es un hombre de calma, le confiamos el tren. ¡Ojo a la trocha 4004! Gato». Así dijo el jefe. —¡Fogonero! ¡Vamos a palear de firme, y nos comeremos la trocha 29000000003!
Había luz en el cuarto, y el duendecillo miró por el ojo de la cerradura y vio al estudiante que estaba leyendo el libro roto adquirido en la tienda.
n el centro de un jardín crecía un rosal cuajado de rosas y en una de ellas, la más hermosa de todas, habitaba un elfo tan pequeñín que ningún ojo humano podía distinguirlo.